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"El drama sentimental de la tele, con un toque de locura"
La serie "La isla de las tentaciones" ha conquistado a muchos espectadores, incluyendo al periodista que escribe sobre ella. A pesar de que el programa no es de su agrado, admite disfrutarlo y reconocer su éxito.
El formato del programa se basa en mostrar escenas de drama sentimental y relaciones complicadas, lo que puede parecer algo inesperado y sorprendente para algunos espectadores. Sin embargo, según el autor, lo que realmente importa es la forma en que se representa la realidad, ya sea de una manera "pura ciencia ficción" o como una especie de teatro, donde todos los personajes tienen sus propias historias y motivaciones.
El periodista admite que no le gusta ver el drama sentimental de los demás, pero no puede evitar observarlo. Y es justamente eso: observar y disfrutar del espectáculo. La fascinación por la serie parece estar en la forma y en los ojos con los que se presenta el drama, más que en la realidad misma.
El autor del artículo siente que la serie es una especie de "pop absoluto", donde todos los infieles consiguen sus 15 minutos de fama. Y aunque no comparte las creencias y valores del programa, admite su belleza y su libertad de expresión.
En última instancia, el autor se limita a felicitar a la presentadora Sandra Barneda por su trabajo en el programa y a los responsables por su éxito. No hay lugar para la ironía o crítica en este artículo, que se centra en disfrutar del espectáculo y reconocer la libertad de expresión de aquellos que lo crean.
La serie "La isla de las tentaciones" ha conquistado a muchos espectadores, incluyendo al periodista que escribe sobre ella. A pesar de que el programa no es de su agrado, admite disfrutarlo y reconocer su éxito.
El formato del programa se basa en mostrar escenas de drama sentimental y relaciones complicadas, lo que puede parecer algo inesperado y sorprendente para algunos espectadores. Sin embargo, según el autor, lo que realmente importa es la forma en que se representa la realidad, ya sea de una manera "pura ciencia ficción" o como una especie de teatro, donde todos los personajes tienen sus propias historias y motivaciones.
El periodista admite que no le gusta ver el drama sentimental de los demás, pero no puede evitar observarlo. Y es justamente eso: observar y disfrutar del espectáculo. La fascinación por la serie parece estar en la forma y en los ojos con los que se presenta el drama, más que en la realidad misma.
El autor del artículo siente que la serie es una especie de "pop absoluto", donde todos los infieles consiguen sus 15 minutos de fama. Y aunque no comparte las creencias y valores del programa, admite su belleza y su libertad de expresión.
En última instancia, el autor se limita a felicitar a la presentadora Sandra Barneda por su trabajo en el programa y a los responsables por su éxito. No hay lugar para la ironía o crítica en este artículo, que se centra en disfrutar del espectáculo y reconocer la libertad de expresión de aquellos que lo crean.