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"Los niños que tardan en hablar: ¿por qué y cómo podemos ayudar?"
La inquietud de muchos padres cuando sus hijos tardan en empezar a hablar es comprensible, pero también es un motivo para actuar. Una investigación realizada por profesores de la Universidad Católica San Vicente Mártir de Valencia ha demostrado que la intervención temprana puede mejorar significativamente las habilidades de comunicación de los niños con retraso en el habla.
El estudio, titulado "Parent-Implemented Hanen Program It Takes Two to Talk: An Exploratory Study in Spain" (Programa Hanen implementado por los padres se necesitan dos para hablar: Un estudio exploratorio en España), ha observado mejoras significativas en la comunicación social de las familias que han participado en el programa de intervención, especialmente en relación con la mirada y los gestos.
"Los niños comienzan a hablar antes de expresar sus primeras palabras", afirma Agustín Gómez, logopeda. "A partir de los 12/15 meses producen las primeras palabras reales ('mamá', 'papá', 'agua...') y alrededor de los 18/24 meses hay que tomar medidas y consultar con un profesional si el menor manifiesta pocas palabras".
Gómez destaca la importancia de estar atentos a la articulación, ya que debe mejorar entre los 30 y 36 meses. "Si alrededor de los 3 años no se les entiende, también es propicio consultar un logopeda", añade.
Para ayudar a los niños con retraso en el habla, Gómez sugiere algunas actividades sencillas que se pueden hacer en casa, como la lectura de cuentos y comentar imágenes o situaciones cotidianas. "Ayudan a estimular el habla sin presionar al menor", explica.
La neuropsicóloga María Dolores Fernández Cros destaca la importancia del desarrollo cerebral infantil en la adquisición del lenguaje. El cerebro infantil pasa por un período de máxima plasticidad durante los primeros años de vida, lo que facilita el aprendizaje.
"La detección temprana de problemas en la adquisición del habla marca la diferencia, porque permite aprovechar la etapa de mayor plasticidad cerebral", asegura Fernández Cros. "La intervención temprana también ayuda a distinguir las simples alteraciones en la articulación, como ceceo, seseo o problemas con sílabas trabadas, de trastornos más amplios que afectan a la comprensión o la expresión del lenguaje".
Las familias pueden alertarse sobre dificultades en el lenguaje observando señales como la emisión de balbuceos, la repetición de sonidos y palabras, las reacciones al propio nombre, la ejecución de órdenes sencillas o la regresión en el lenguaje o en las habilidades ya adquiridas. También pueden manifestarse híper o hipo sensibilidad sensorial, alteraciones en el desarrollo del juego, la atención conjunta o la intención comunicativa.
La escuela también juega un papel importante en la detección de problemas de lenguaje. Los profesionales escolares deben derivar a las familias a un logopeda para realizar una valoración y orientar la estimulación en el entorno del menor, con revisiones periódicas.
"Trabajamos también con los pediatras; antes era habitual oír 'ya hablará', y es un consejo pésimo", advierte Antonio Clemente, logopeda y psicólogo infantil. "Es importante adecuar los gestos a los mensajes, que exista coherencia. Los niños captan primero la entonación antes que las palabras".
Educar las emociones y en la autonomía también es fundamental. "Hay que responderles a lo que preguntan; así se fomenta la confianza y se desarrolla el lenguaje y un control emocional adecuado", describe Clemente.
La inquietud de muchos padres cuando sus hijos tardan en empezar a hablar es comprensible, pero también es un motivo para actuar. Una investigación realizada por profesores de la Universidad Católica San Vicente Mártir de Valencia ha demostrado que la intervención temprana puede mejorar significativamente las habilidades de comunicación de los niños con retraso en el habla.
El estudio, titulado "Parent-Implemented Hanen Program It Takes Two to Talk: An Exploratory Study in Spain" (Programa Hanen implementado por los padres se necesitan dos para hablar: Un estudio exploratorio en España), ha observado mejoras significativas en la comunicación social de las familias que han participado en el programa de intervención, especialmente en relación con la mirada y los gestos.
"Los niños comienzan a hablar antes de expresar sus primeras palabras", afirma Agustín Gómez, logopeda. "A partir de los 12/15 meses producen las primeras palabras reales ('mamá', 'papá', 'agua...') y alrededor de los 18/24 meses hay que tomar medidas y consultar con un profesional si el menor manifiesta pocas palabras".
Gómez destaca la importancia de estar atentos a la articulación, ya que debe mejorar entre los 30 y 36 meses. "Si alrededor de los 3 años no se les entiende, también es propicio consultar un logopeda", añade.
Para ayudar a los niños con retraso en el habla, Gómez sugiere algunas actividades sencillas que se pueden hacer en casa, como la lectura de cuentos y comentar imágenes o situaciones cotidianas. "Ayudan a estimular el habla sin presionar al menor", explica.
La neuropsicóloga María Dolores Fernández Cros destaca la importancia del desarrollo cerebral infantil en la adquisición del lenguaje. El cerebro infantil pasa por un período de máxima plasticidad durante los primeros años de vida, lo que facilita el aprendizaje.
"La detección temprana de problemas en la adquisición del habla marca la diferencia, porque permite aprovechar la etapa de mayor plasticidad cerebral", asegura Fernández Cros. "La intervención temprana también ayuda a distinguir las simples alteraciones en la articulación, como ceceo, seseo o problemas con sílabas trabadas, de trastornos más amplios que afectan a la comprensión o la expresión del lenguaje".
Las familias pueden alertarse sobre dificultades en el lenguaje observando señales como la emisión de balbuceos, la repetición de sonidos y palabras, las reacciones al propio nombre, la ejecución de órdenes sencillas o la regresión en el lenguaje o en las habilidades ya adquiridas. También pueden manifestarse híper o hipo sensibilidad sensorial, alteraciones en el desarrollo del juego, la atención conjunta o la intención comunicativa.
La escuela también juega un papel importante en la detección de problemas de lenguaje. Los profesionales escolares deben derivar a las familias a un logopeda para realizar una valoración y orientar la estimulación en el entorno del menor, con revisiones periódicas.
"Trabajamos también con los pediatras; antes era habitual oír 'ya hablará', y es un consejo pésimo", advierte Antonio Clemente, logopeda y psicólogo infantil. "Es importante adecuar los gestos a los mensajes, que exista coherencia. Los niños captan primero la entonación antes que las palabras".
Educar las emociones y en la autonomía también es fundamental. "Hay que responderles a lo que preguntan; así se fomenta la confianza y se desarrolla el lenguaje y un control emocional adecuado", describe Clemente.