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Frank Gehry, el arquitecto canadiense cuyo trabajo ha sido objeto de tanto amor como odio, dejó este mundo a los 96 años. La noticia de su fallecimiento, anunciada por The New York Times, ha sacudido a la comunidad internacional del arte y la arquitectura.
Gehry, quien había nacido en una familia de judíos rusos de clase trabajadora en California, había iniciado su carrera como artista con un estilo que se caracterizaba por la experimentación y el uso de materiales innobles. Su casa en Santa Mónica, California, fue uno de sus primeros proyectos y aunque recibió críticas negativas de los vecinos, se convirtió en un símbolo del espíritu bohemio que definía a Gehry.
La década de 80 fue una época clave en la carrera de Gehry, cuando comenzó a trabajar en proyectos más ambiciosos y polémicos. El edificio de los binoculares de Venice, en Los Ángeles, y las viviendas de los Bailarines de Praga fueron algunos de sus trabajos destacados durante este período.
Sin embargo, fue su proyecto para el Museo Guggenheim en Bilbao, España, donde realmente cambiaron la carrera de Gehry. A pesar de la oposición del gobierno vasco y los críticos, que lo consideraban un proyecto imposible y costoso, Gehry logró convencer a Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim, de su visión para el proyecto.
El Guggenheim Bilbao se convirtió en un éxito instantáneo, no solo por su belleza y innovadora arquitectura, sino también por su impacto cultural y económico. La obra de Gehry ilustra cómo el arte y la arquitectura pueden ser herramientas poderosas para cambiar la percepción de una ciudad y su gente.
Gehry siempre había sido un artista que se atrevía a desafiar las convenciones, y su legado como arquitecto y artista es sin duda uno de los más innovadores y emocionantes del siglo XX. A pesar de la crítica y el rechazo que enfrentó durante su vida, su trabajo sigue siendo una fuente de inspiración para generaciones de artistas y arquitectos.
En palabras de César Caicoya, arquitecto asturiano que dirigió las obras del Guggenheim Bilbao: "Trabajábamos en una situación que era casi de guerra urbana. Había un 35% de paro, había terrorismo y había muchísimo miedo. Pero Gehry nunca se rindió. Siempre creyó en su proyecto y siempre nos animó a seguir adelante".
La muerte de Frank Gehry es una pérdida para la comunidad internacional del arte y la arquitectura, pero su legado seguirá viviendo en las obras que dejó detrás.
Gehry, quien había nacido en una familia de judíos rusos de clase trabajadora en California, había iniciado su carrera como artista con un estilo que se caracterizaba por la experimentación y el uso de materiales innobles. Su casa en Santa Mónica, California, fue uno de sus primeros proyectos y aunque recibió críticas negativas de los vecinos, se convirtió en un símbolo del espíritu bohemio que definía a Gehry.
La década de 80 fue una época clave en la carrera de Gehry, cuando comenzó a trabajar en proyectos más ambiciosos y polémicos. El edificio de los binoculares de Venice, en Los Ángeles, y las viviendas de los Bailarines de Praga fueron algunos de sus trabajos destacados durante este período.
Sin embargo, fue su proyecto para el Museo Guggenheim en Bilbao, España, donde realmente cambiaron la carrera de Gehry. A pesar de la oposición del gobierno vasco y los críticos, que lo consideraban un proyecto imposible y costoso, Gehry logró convencer a Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim, de su visión para el proyecto.
El Guggenheim Bilbao se convirtió en un éxito instantáneo, no solo por su belleza y innovadora arquitectura, sino también por su impacto cultural y económico. La obra de Gehry ilustra cómo el arte y la arquitectura pueden ser herramientas poderosas para cambiar la percepción de una ciudad y su gente.
Gehry siempre había sido un artista que se atrevía a desafiar las convenciones, y su legado como arquitecto y artista es sin duda uno de los más innovadores y emocionantes del siglo XX. A pesar de la crítica y el rechazo que enfrentó durante su vida, su trabajo sigue siendo una fuente de inspiración para generaciones de artistas y arquitectos.
En palabras de César Caicoya, arquitecto asturiano que dirigió las obras del Guggenheim Bilbao: "Trabajábamos en una situación que era casi de guerra urbana. Había un 35% de paro, había terrorismo y había muchísimo miedo. Pero Gehry nunca se rindió. Siempre creyó en su proyecto y siempre nos animó a seguir adelante".
La muerte de Frank Gehry es una pérdida para la comunidad internacional del arte y la arquitectura, pero su legado seguirá viviendo en las obras que dejó detrás.