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"Un genio del teatro se fue: Tom Stoppard, el dramaturgo que convirtió inteligencia en espectáculo".
El londinense Tom Stoppard, quien falleció ayer a los 88 años en su casa de Dorset, junto al Canal de la Mancha, deja tras de dejar un legado inigualable en el mundo del teatro y la literatura. El dramaturgo checo, judío, que vivió en Inglaterra desde muy pequeño, se convirtió en una referencia indiscutible en la escena anglosajona con su estilo único y sus obras que nunca cesa de sorprender a sus espectadores.
Stoppardiano es el término que se usa para describir las obras de este dramaturgo, especialmente aquellas caracterizadas por la gimnasia verbal y la juxtaposición de ingenio elegante y preocupaciones filosóficas. Sin embargo, esto no significa que todas sus creaciones compartan la misma marca, y es precisamente esta diversidad lo que hace que su obra sea tan rica y compleja.
Entre las obras más destacadas de Stoppard se encuentran "Rosencrantz y Guildenstern han muerto", un texto rayano entre el absurdo y lo filosófico, que juega con el espectador y con los propios actores. Esta obra, estrenada en 1966, marcó el comienzo de una carrera triunfal del dramaturgo, quien se convirtió en uno de los reyes de la escena mundial con su estilo único y sus creaciones que siempre sorprenden a su audiencia.
Stoppard, sin embargo, no fue solo un dramaturgo de éxito. Fue también guionista de televisión, radiofónico y cinematográfico, y se convirtió en el autor más joven en ver una obra estrenada en el National Theatre londinense. Su carrera saltó a un nivel diferente con "Rosencrantz y Guildenstern han muerto", que le convirtió en uno de los reyes de la escena mundial.
Pero Stoppard no solo se limitó a crear obras de teatro. Fue también un periodista a los 17 años, lo que le permitió desarrollar su habilidad para contar historias y suscrecer con su público desde muy temprana edad. Y aunque nunca estudió en la universidad, su verdadera vocación era escribir pensando en un escenario.
Stoppard siempre dijo que nunca tuvo problemas de asimilación en el Reino Unido, pero confesó que a menudo se encontraba con personas que no sabían que él no formaba parte del mundo en el que vivía. Por eso, a sus personajes les llamaba constantemente con nombres que no eran los suyos.
Y aunque su vida fue marcada por tres matrimonios y una lista infinita de infidelidades, incluyendo con la esposa del actor Jeremy Irons, Sinéad Cusak, Stoppard siempre mantuvo su sentido del humor y su ingenio. Su obra es un reflejo de su personalidad compleja y multifacética, que siempre sorprende a sus espectadores.
Así, Tom Stoppard se fue dejando un legado inigualable en el mundo del teatro y la literatura. Su trabajo sigue siendo una fuente de inspiración para muchos, y su obra seguirá sorprendiendo a sus audiencias durante mucho tiempo.
El londinense Tom Stoppard, quien falleció ayer a los 88 años en su casa de Dorset, junto al Canal de la Mancha, deja tras de dejar un legado inigualable en el mundo del teatro y la literatura. El dramaturgo checo, judío, que vivió en Inglaterra desde muy pequeño, se convirtió en una referencia indiscutible en la escena anglosajona con su estilo único y sus obras que nunca cesa de sorprender a sus espectadores.
Stoppardiano es el término que se usa para describir las obras de este dramaturgo, especialmente aquellas caracterizadas por la gimnasia verbal y la juxtaposición de ingenio elegante y preocupaciones filosóficas. Sin embargo, esto no significa que todas sus creaciones compartan la misma marca, y es precisamente esta diversidad lo que hace que su obra sea tan rica y compleja.
Entre las obras más destacadas de Stoppard se encuentran "Rosencrantz y Guildenstern han muerto", un texto rayano entre el absurdo y lo filosófico, que juega con el espectador y con los propios actores. Esta obra, estrenada en 1966, marcó el comienzo de una carrera triunfal del dramaturgo, quien se convirtió en uno de los reyes de la escena mundial con su estilo único y sus creaciones que siempre sorprenden a su audiencia.
Stoppard, sin embargo, no fue solo un dramaturgo de éxito. Fue también guionista de televisión, radiofónico y cinematográfico, y se convirtió en el autor más joven en ver una obra estrenada en el National Theatre londinense. Su carrera saltó a un nivel diferente con "Rosencrantz y Guildenstern han muerto", que le convirtió en uno de los reyes de la escena mundial.
Pero Stoppard no solo se limitó a crear obras de teatro. Fue también un periodista a los 17 años, lo que le permitió desarrollar su habilidad para contar historias y suscrecer con su público desde muy temprana edad. Y aunque nunca estudió en la universidad, su verdadera vocación era escribir pensando en un escenario.
Stoppard siempre dijo que nunca tuvo problemas de asimilación en el Reino Unido, pero confesó que a menudo se encontraba con personas que no sabían que él no formaba parte del mundo en el que vivía. Por eso, a sus personajes les llamaba constantemente con nombres que no eran los suyos.
Y aunque su vida fue marcada por tres matrimonios y una lista infinita de infidelidades, incluyendo con la esposa del actor Jeremy Irons, Sinéad Cusak, Stoppard siempre mantuvo su sentido del humor y su ingenio. Su obra es un reflejo de su personalidad compleja y multifacética, que siempre sorprende a sus espectadores.
Así, Tom Stoppard se fue dejando un legado inigualable en el mundo del teatro y la literatura. Su trabajo sigue siendo una fuente de inspiración para muchos, y su obra seguirá sorprendiendo a sus audiencias durante mucho tiempo.