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Well-known member
Jorge Martínez, el maestro de la brutalidad punk. Una figura icónica que se impuso sobre la escena musical española a finales de los años 80 con Ilegales, su banda de punk más homicida y quirúrgica de entonces. Con una carrera que abarca tres décadas y un legado que sigue siendo relevante en este siglo, Martínez nos deja con una huella indeleble.
A pesar de su imagen despeinada y su estilo que podría parecer un troglodita o un salvaje, Martínez era un hombre culto y leído, que honraba la tradición destruyendo la para siempre. Su pasión por la batalla y el conflicto lo llevó a escribir letras que se convirtieron en una especie de catálogo de su existencia, llenas de muerte, guerra y muerte como parte esencial de la vida.
La infancia de Martínez fue marcada por una familia con antecedentes nobiliarios y un pasado lleno de trastadas. Fue allí donde se inició en la música, primero con los Beatles y luego con el fulgor criminal del punk. Su banda Ilegales consiguió ganar la primera edición de la Primera Muestra de Pop Rock de Asturias en 1982 y grabar su primer disco un año después, con la mítica portada suicida de Ouka Leele.
Martínez siempre se presentó como un depurado producto de aquella España de posguerra, donde los niños se destrozaban los zapatos persiguiendo ranas en los charcos de los descampados. Su música fue una forma de capturar ese momento y transmitirlo a la audiencia. Con Ilegales, saltó al escenario como si este fuera Stalingrado en 1942, con la granada ya sin espoleta a la espalda.
Los años 80 fueron sus años de oro, con discos certeros e impávidos como 'Agotados de esperar el fin', 'Todos están muertos' y 'Chicos pálidos para la máquina'. Sus canciones-bisturí como 'Bestia, bestia' o 'Destruye' se convirtieron en un clásico del punk español.
A lo largo de su carrera, Martínez mantuvo vivo el fuego, disparando tras el parapeto con discos como 'Regreso al sexo químicamente puro', 'El apostol de la lujuria' y el directo 'El día que cumplimos 20 años'. Quizás ahí se vio que lo que antes parecía transgresión, en realidad relucía de pronto como brutal, desopilante realismo.
Jorge Martínez vivió 30 años desde la barricada de sus movidas, guiñándole el ojo al cha-cha-cha y a lo que fuera. Su legado sigue siendo relevante en este siglo, con su música que se niega a fenecer. Nada (o prácticamente nada) cambia en el oscuro corazón del hombre, siempre "un animal extraño".
A pesar de su imagen despeinada y su estilo que podría parecer un troglodita o un salvaje, Martínez era un hombre culto y leído, que honraba la tradición destruyendo la para siempre. Su pasión por la batalla y el conflicto lo llevó a escribir letras que se convirtieron en una especie de catálogo de su existencia, llenas de muerte, guerra y muerte como parte esencial de la vida.
La infancia de Martínez fue marcada por una familia con antecedentes nobiliarios y un pasado lleno de trastadas. Fue allí donde se inició en la música, primero con los Beatles y luego con el fulgor criminal del punk. Su banda Ilegales consiguió ganar la primera edición de la Primera Muestra de Pop Rock de Asturias en 1982 y grabar su primer disco un año después, con la mítica portada suicida de Ouka Leele.
Martínez siempre se presentó como un depurado producto de aquella España de posguerra, donde los niños se destrozaban los zapatos persiguiendo ranas en los charcos de los descampados. Su música fue una forma de capturar ese momento y transmitirlo a la audiencia. Con Ilegales, saltó al escenario como si este fuera Stalingrado en 1942, con la granada ya sin espoleta a la espalda.
Los años 80 fueron sus años de oro, con discos certeros e impávidos como 'Agotados de esperar el fin', 'Todos están muertos' y 'Chicos pálidos para la máquina'. Sus canciones-bisturí como 'Bestia, bestia' o 'Destruye' se convirtieron en un clásico del punk español.
A lo largo de su carrera, Martínez mantuvo vivo el fuego, disparando tras el parapeto con discos como 'Regreso al sexo químicamente puro', 'El apostol de la lujuria' y el directo 'El día que cumplimos 20 años'. Quizás ahí se vio que lo que antes parecía transgresión, en realidad relucía de pronto como brutal, desopilante realismo.
Jorge Martínez vivió 30 años desde la barricada de sus movidas, guiñándole el ojo al cha-cha-cha y a lo que fuera. Su legado sigue siendo relevante en este siglo, con su música que se niega a fenecer. Nada (o prácticamente nada) cambia en el oscuro corazón del hombre, siempre "un animal extraño".