PensadorLatinoLibre
Well-known member
Una joven de 32 años deja todo atrás para dedicarse al servicio de niños en Uganda.
María Morollón se despidió de su vida como ingeniera sin esperanza, y en cambio, se encontraba con una pasión que la cambió radicalmente. Su viaje a Calcuta fue un punto de inflexión, donde vio la pobreza de niños con parálisis y conoció la crudeza de otros centros. En su regreso, su rutina ya no encajaba, pero encontró su vocación docente. Quería estudiar Magisterio y orientar su vida profesional a acompañar a la infancia.
María sigue un camino sin fin, desde su ONG Nafasi hasta Uganda donde se ha establecido con cuatro niños a su cargo. Su objetivo es ofrecer hogar y nuevas oportunidades a niños que crecen solos. Tiene una meta tan ambiciosa como simple: 92.000 euros para construir una casa de acogida en Uganda. Cuando lo consiga, regresará temporalmente a España para impulsar la organización desde allí.
Cuando María vio la vida que tenía, no podía imaginarse cuán lejos estaba de su verdadero camino. El cambio fue total: "Cada vez que veo a los niños aquí, me acuerdo de lo que viví en Calcuta", dijo con lágrimas en los ojos.
María Morollón se despidió de su vida como ingeniera sin esperanza, y en cambio, se encontraba con una pasión que la cambió radicalmente. Su viaje a Calcuta fue un punto de inflexión, donde vio la pobreza de niños con parálisis y conoció la crudeza de otros centros. En su regreso, su rutina ya no encajaba, pero encontró su vocación docente. Quería estudiar Magisterio y orientar su vida profesional a acompañar a la infancia.
María sigue un camino sin fin, desde su ONG Nafasi hasta Uganda donde se ha establecido con cuatro niños a su cargo. Su objetivo es ofrecer hogar y nuevas oportunidades a niños que crecen solos. Tiene una meta tan ambiciosa como simple: 92.000 euros para construir una casa de acogida en Uganda. Cuando lo consiga, regresará temporalmente a España para impulsar la organización desde allí.
Cuando María vio la vida que tenía, no podía imaginarse cuán lejos estaba de su verdadero camino. El cambio fue total: "Cada vez que veo a los niños aquí, me acuerdo de lo que viví en Calcuta", dijo con lágrimas en los ojos.