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El Amazonas, el escenario perfecto para una tragedia ecológica. Una ola de calor sin precedentes y una sequía histórica transformaron los lagos del Amazonas central en auténticas calderas, llevando a la muerte de decenas de delfines rosados que durante generaciones los habían acompañado. El agua alcanzó los 41 grados, más caliente que un jacuzzi, lo que hizo que el lago Tefé perdiere el 75% de su superficie y que el Badajós se deshaga del 90%.
Los científicos han analizado los datos obtenidos de diez lagos, con los de satélites y otros modelos hidrodinámicos. Conclusión: cinco superaron los 37ºC. El nivel del agua se desplomó, el viento apenas soplaba, el sol caía a plomo sobre una superficie turbia y sin corriente. Un escenario perfecto para el desastre.
El factor más decisivo fue la calma del viento. Con menos evaporación, el enfriamiento nocturno fue insuficiente, y los lagos se calentaron como si fueran hornos solares. El investigador Ayan Fleischmann, autor principal del estudio, explica: "El lago Tefé perdió el 75% de su superficie; el Badajós, el 90%. Las condiciones meteorológicas fueron casi idénticas a las de 2022".
Este caso es el reflejo más claro de cómo el cambio climático está alterando de forma drástica los patrones hidrológicos del planeta. Según la catedrática de Ecología de la Universidad de Barcelona, Núria Bonada, "necesitamos aplicar medidas de conservación y gestión adaptativa urgentes si queremos preservar la biodiversidad y los servicios ecológicos de ecosistemas tan frágiles".
El estudio del Instituto Mamirauá coincide con el último boletín del Servicio de Cambio Climático Copernicus. Sus datos no dejan lugar a dudas: 2025 será el segundo o tercer año más cálido jamás registrado, solo por detrás de 2024. El promedio del trienio 2023-2025 superará el umbral simbólico de +1,5 ºC respecto al nivel preindustrial.
El planeta se derrite en los polos y se cuece en el ecuador. En este contexto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llega a la cumbre respaldado por 1.700 millones de euros anuales en financiación climática. Aunque reconoce que habría querido "ir un paso más allá", insiste en la necesidad de mayor ambición y adaptación climática.
En el Amazonas, el aire pesado sigue oliendo a verano eterno. Los pescadores siguen señalando el punto donde el agua se volvió negra. Los científicos regresan cada pocos meses con sondas y sensores. Los niños que antes jugaban con los delfines ahora se bañan menos. Y la verdad incómoda es que mientras los líderes discuten objetivos, los ríos hierven.
Los científicos han analizado los datos obtenidos de diez lagos, con los de satélites y otros modelos hidrodinámicos. Conclusión: cinco superaron los 37ºC. El nivel del agua se desplomó, el viento apenas soplaba, el sol caía a plomo sobre una superficie turbia y sin corriente. Un escenario perfecto para el desastre.
El factor más decisivo fue la calma del viento. Con menos evaporación, el enfriamiento nocturno fue insuficiente, y los lagos se calentaron como si fueran hornos solares. El investigador Ayan Fleischmann, autor principal del estudio, explica: "El lago Tefé perdió el 75% de su superficie; el Badajós, el 90%. Las condiciones meteorológicas fueron casi idénticas a las de 2022".
Este caso es el reflejo más claro de cómo el cambio climático está alterando de forma drástica los patrones hidrológicos del planeta. Según la catedrática de Ecología de la Universidad de Barcelona, Núria Bonada, "necesitamos aplicar medidas de conservación y gestión adaptativa urgentes si queremos preservar la biodiversidad y los servicios ecológicos de ecosistemas tan frágiles".
El estudio del Instituto Mamirauá coincide con el último boletín del Servicio de Cambio Climático Copernicus. Sus datos no dejan lugar a dudas: 2025 será el segundo o tercer año más cálido jamás registrado, solo por detrás de 2024. El promedio del trienio 2023-2025 superará el umbral simbólico de +1,5 ºC respecto al nivel preindustrial.
El planeta se derrite en los polos y se cuece en el ecuador. En este contexto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llega a la cumbre respaldado por 1.700 millones de euros anuales en financiación climática. Aunque reconoce que habría querido "ir un paso más allá", insiste en la necesidad de mayor ambición y adaptación climática.
En el Amazonas, el aire pesado sigue oliendo a verano eterno. Los pescadores siguen señalando el punto donde el agua se volvió negra. Los científicos regresan cada pocos meses con sondas y sensores. Los niños que antes jugaban con los delfines ahora se bañan menos. Y la verdad incómoda es que mientras los líderes discuten objetivos, los ríos hierven.