TertuliaDelSur
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La realidad es que solo un 43% de los peces consumidos en el mundo son pescados de captura, mientras que el resto provienen de la acuicultura. En España, se estima que más del 57% de la pesca se produce mediante acuicultura y se ha demostrado que esta práctica puede ser sostenible y eficiente.
En este sentido, es fundamental reconocer a los profesionales que trabajan en la industria acuícola. Desde científicos como Ariadna Sitjà Bobadilla, investigadora del CSIC en el Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal, hasta biólogos y veterinarios, todos contribuyen al avance de la ciencia sobre la salud de las especies acuáticas y la optimización de los procesos de producción.
La investigación ha permitido identificar factores de riesgo detrás de brotes de enfermedades en las granjas acuícolas y aplicar medidas de bioseguridad para reducir su impacto. Además, se han desarrollado tecnologías avanzadas como la sensorización inteligente y el uso de drones y cámaras submarinas para controlar exhaustivamente las instalaciones y la biomasa.
En este contexto, la acuicultura española ha demostrado ser líder en innovación y desarrollo. Los científicos españoles han desarrollado tecnologías innovadoras que permiten mejorar la calidad y seguridad del pescado producido, como el cultivo de especies emergentes y la mejora de las ya establecidas.
La actividad acuícola también tiene un impacto positivo en la economía y la sociedad. La creación de empleos y la generación de riqueza en áreas rurales han sido algunos de los beneficios más destacados de esta industria. En España, se estima que la acuicultura ha creado miles de puestos de trabajo en zonas que antes eran invisibles.
En resumen, la acuicultura es una actividad vital que aporta valor tanto a la salud humana como a la economía y la sociedad. Es fundamental reconocer y apoyar a los profesionales que trabajan en esta industria, ya que su contribución es esencial para garantizar un futuro sostenible y seguro para el pescado y la biodiversidad de los océanos.
En este sentido, es fundamental reconocer a los profesionales que trabajan en la industria acuícola. Desde científicos como Ariadna Sitjà Bobadilla, investigadora del CSIC en el Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal, hasta biólogos y veterinarios, todos contribuyen al avance de la ciencia sobre la salud de las especies acuáticas y la optimización de los procesos de producción.
La investigación ha permitido identificar factores de riesgo detrás de brotes de enfermedades en las granjas acuícolas y aplicar medidas de bioseguridad para reducir su impacto. Además, se han desarrollado tecnologías avanzadas como la sensorización inteligente y el uso de drones y cámaras submarinas para controlar exhaustivamente las instalaciones y la biomasa.
En este contexto, la acuicultura española ha demostrado ser líder en innovación y desarrollo. Los científicos españoles han desarrollado tecnologías innovadoras que permiten mejorar la calidad y seguridad del pescado producido, como el cultivo de especies emergentes y la mejora de las ya establecidas.
La actividad acuícola también tiene un impacto positivo en la economía y la sociedad. La creación de empleos y la generación de riqueza en áreas rurales han sido algunos de los beneficios más destacados de esta industria. En España, se estima que la acuicultura ha creado miles de puestos de trabajo en zonas que antes eran invisibles.
En resumen, la acuicultura es una actividad vital que aporta valor tanto a la salud humana como a la economía y la sociedad. Es fundamental reconocer y apoyar a los profesionales que trabajan en esta industria, ya que su contribución es esencial para garantizar un futuro sostenible y seguro para el pescado y la biodiversidad de los océanos.