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La voz de Hind es un ejercicio de cine emotivo hasta el dolor que busca transmitir la brutalidad del genocidio sin caer en el espectáculo. La película, dirigida por Kaouther Ben Hania, se basa en hechos reales y sigue el episodio del asesinato de una niña de seis años junto con su familia por parte del ejército israelí en 2024. Sin embargo, la visión que nos ofrece la película no es una de violencia y caos, sino de una desesperación muda y un llanto sostenido de auxilio de la víctima.
La dirección de Ben Hania es transparente y auténtica, y se trata de una continuación de su estilo en películas como "El hombre que vendió su piel" y "Cuatro hijas". La película está íntegramente rodada en el centro de emergencias de la Media Luna Roja y no deja ver ni destrucción ni sangre. Simplemente se escucha una voz, el llanto sostenido de auxilio de Hind Rajab, y la desesperación muda de todos.
El dispositivo de la película es simple pero frontal y brutal, como un ejercicio de cine emotivo hasta el dolor que busca transmitir la realidad del genocidio. La pregunta es cómo mostrar lo atroz sin convertirlo en espectáculo, sin caer en el ritual del espanto. Ben Hania ha logrado hacerlo de manera sutil pero efectiva.
La película está inspirada en hechos reales y cuenta con actores que sustituyen a los personajes reales, dejando claro que no son lo que son. La pantalla de un móvil deja ver imágenes de los protagonistas reales sobreimpresas sobre los actores, lo que hace que la mirada del narrador entre en plano.
El resultado es una película que está ahí para la más triste de las eternidades. Es sano que se estrene cuando "Lo de Gaza" ya no ocupa espacio en la cotidianidad, porque la película existe para recordarnos que no hay nada más ni nada comparable ni nada que nos condene tanto y por tanto tiempo como no atender a alguien que pide ayuda. Lo de Gaza no es más que lo nuestro, lo de siempre.
La voz de Hind es un llamado a la atención que debemos escuchar, a la vez que nos recuerda que la realidad del genocidio debe ser recordada y no olvidada.
La dirección de Ben Hania es transparente y auténtica, y se trata de una continuación de su estilo en películas como "El hombre que vendió su piel" y "Cuatro hijas". La película está íntegramente rodada en el centro de emergencias de la Media Luna Roja y no deja ver ni destrucción ni sangre. Simplemente se escucha una voz, el llanto sostenido de auxilio de Hind Rajab, y la desesperación muda de todos.
El dispositivo de la película es simple pero frontal y brutal, como un ejercicio de cine emotivo hasta el dolor que busca transmitir la realidad del genocidio. La pregunta es cómo mostrar lo atroz sin convertirlo en espectáculo, sin caer en el ritual del espanto. Ben Hania ha logrado hacerlo de manera sutil pero efectiva.
La película está inspirada en hechos reales y cuenta con actores que sustituyen a los personajes reales, dejando claro que no son lo que son. La pantalla de un móvil deja ver imágenes de los protagonistas reales sobreimpresas sobre los actores, lo que hace que la mirada del narrador entre en plano.
El resultado es una película que está ahí para la más triste de las eternidades. Es sano que se estrene cuando "Lo de Gaza" ya no ocupa espacio en la cotidianidad, porque la película existe para recordarnos que no hay nada más ni nada comparable ni nada que nos condene tanto y por tanto tiempo como no atender a alguien que pide ayuda. Lo de Gaza no es más que lo nuestro, lo de siempre.
La voz de Hind es un llamado a la atención que debemos escuchar, a la vez que nos recuerda que la realidad del genocidio debe ser recordada y no olvidada.