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La ratonera diaria de Barcelona: por qué las rondas ya no dan más de sí y qué proponen los expertos.
Barcelona, la capital catalana, es una de las ciudades más congeladas del país en lo que respecta al tráfico. La Litoral y Dalt, dos arterias que unen el centro de Barcelona con la comarca, son ejemplos del colapso total en que se encuentran las rondas.
Los expertos coinciden en que la congestión es una cuestión estructural, no puntual o coyuntural. Un simple toque entre dos coches puede convertir estas arterias en una ratonera sin escapatoria. La media de ocupación en las rondas es de 1,2 personas por coche, según datos del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), cifra que ha quedado estancada durante años.
El vehículo privado representa solo el 10% de los desplazamientos internos dentro de la ciudad, pero escala hasta el 40% en los desplazamientos entre municipios del área metropolitana. El motivo es la falta de alternativas de transporte público interurbano eficientes. La gran mayoría de vehículos circulan con un solo ocupante, lo que reduce la capacidad de las vías.
El consistorio insiste en que la verdadera solución no pasa por ampliar infraestructuras, sino reducir el número de coches que entran y salen de la ciudad. Su objetivo es bajar del 19,9% al 15% el porcentaje de desplazamientos en vehículo privado y trasladar 250.000 trayectos laborales al transporte público en los próximos años.
Las administraciones han empezado a mover ficha, y el Servei Català de Trànsit ha anunciado que elaborará un plan específico para mejorar la seguridad y eficiencia de las rondas. El director del servicio, Ramon Lamiel, ha reconocido que las intensidades de tráfico en las rondas son muy complicadas.
Para el ingeniero de caminos Andreu Ulied, las soluciones no deben basarse en grandes obras, sino en medidas más sofisticadas como el peaje urbano dinámico. También prevé que los vehículos del futuro serán más inteligentes y autónomos, capaces de coordinarse entre ellos y reducir errores humanos.
Otro ámbito clave es la gestión inteligente del tráfico mediante sensores, algoritmos y sistemas de información en tiempo real. Añadir carriles no resolvería el problema, según Ulied, ya que siempre ocuparía todo el espacio disponible. Por eso defiende que el futuro pasa por gestionar mejor las rondas que ya están construidas.
La ratonera diaria de Barcelona sigue siendo un tema vivo en la ciudad. Miles de conductores siguen atrapados en estas arterias, y mantiene vivo el debate sobre el modelo de movilidad que necesita el área metropolitana.
Barcelona, la capital catalana, es una de las ciudades más congeladas del país en lo que respecta al tráfico. La Litoral y Dalt, dos arterias que unen el centro de Barcelona con la comarca, son ejemplos del colapso total en que se encuentran las rondas.
Los expertos coinciden en que la congestión es una cuestión estructural, no puntual o coyuntural. Un simple toque entre dos coches puede convertir estas arterias en una ratonera sin escapatoria. La media de ocupación en las rondas es de 1,2 personas por coche, según datos del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), cifra que ha quedado estancada durante años.
El vehículo privado representa solo el 10% de los desplazamientos internos dentro de la ciudad, pero escala hasta el 40% en los desplazamientos entre municipios del área metropolitana. El motivo es la falta de alternativas de transporte público interurbano eficientes. La gran mayoría de vehículos circulan con un solo ocupante, lo que reduce la capacidad de las vías.
El consistorio insiste en que la verdadera solución no pasa por ampliar infraestructuras, sino reducir el número de coches que entran y salen de la ciudad. Su objetivo es bajar del 19,9% al 15% el porcentaje de desplazamientos en vehículo privado y trasladar 250.000 trayectos laborales al transporte público en los próximos años.
Las administraciones han empezado a mover ficha, y el Servei Català de Trànsit ha anunciado que elaborará un plan específico para mejorar la seguridad y eficiencia de las rondas. El director del servicio, Ramon Lamiel, ha reconocido que las intensidades de tráfico en las rondas son muy complicadas.
Para el ingeniero de caminos Andreu Ulied, las soluciones no deben basarse en grandes obras, sino en medidas más sofisticadas como el peaje urbano dinámico. También prevé que los vehículos del futuro serán más inteligentes y autónomos, capaces de coordinarse entre ellos y reducir errores humanos.
Otro ámbito clave es la gestión inteligente del tráfico mediante sensores, algoritmos y sistemas de información en tiempo real. Añadir carriles no resolvería el problema, según Ulied, ya que siempre ocuparía todo el espacio disponible. Por eso defiende que el futuro pasa por gestionar mejor las rondas que ya están construidas.
La ratonera diaria de Barcelona sigue siendo un tema vivo en la ciudad. Miles de conductores siguen atrapados en estas arterias, y mantiene vivo el debate sobre el modelo de movilidad que necesita el área metropolitana.