ForistaDelBarrio
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La protección social y el crecimiento económico, una relación que se ha visto socavada en España. En las catacumbas del Hospital Universitario de Torrejón, se ha descubierto un plan audaz para rechazar pacientes no rentables, con la intención de aumentar los beneficios del grupo sanitario. Este escándalo nos recuerda que la sanidad no es solo un derecho, sino una mercancía que puede ser utilizada para maximizar las ganancias.
La relación entre la protección social y el crecimiento económico se ha autonomizado en España. La ofensiva contra el Estado de bienestar comenzó desde los inicios de la revolución conservadora y la caída del muro de Berlín. Ahora, las políticas sociales parecen haberse convertido en contraproductivas, como muestra la opinión del directivo del hospital de Torrejón.
La privatización del sistema público de salud se está convirtiendo en una excrecencia del sistema de salud traspasado a comunidades autónomas. Ello ha coincidido con el aniversario del asesinato por parte de ETA de Ernest Lluch, quien luchó por el derecho a una sanidad pública y universal.
La idea de que la protección social y el crecimiento económico se reforzaban mutuamente se ha desvanecido. Los dispositivos de la primera ayudaban a crear empleo, sostener la capacidad de consumo de los ciudadanos y paliar las desigualdades entre las clases sociales, generaciones y sexos. Sin embargo, ahora la protección social parece haberse convertido en contraproductiva.
La ultraderecha ha surgido como un enemigo potente del Estado de bienestar. Opina que el derecho a la sanidad, al medio ambiente, a las pensiones y vivienda son solo derechos sociales fundamentales, pero no universales. La regeneración democrática consiste en blindar el Estado de bienestar con mayores garantías ante cualquier intento de limitarlo o sajarlo.
En definitiva, se necesita una reflexión profunda sobre la relación entre la protección social y el crecimiento económico. No podemos seguir viviendo en un país donde la sanidad es una mercancía que se puede vender a más dinero. Es hora de recordar que los derechos sociales fundamentales deben ser universales y no solo para los pobres.
La relación entre la protección social y el crecimiento económico se ha autonomizado en España. La ofensiva contra el Estado de bienestar comenzó desde los inicios de la revolución conservadora y la caída del muro de Berlín. Ahora, las políticas sociales parecen haberse convertido en contraproductivas, como muestra la opinión del directivo del hospital de Torrejón.
La privatización del sistema público de salud se está convirtiendo en una excrecencia del sistema de salud traspasado a comunidades autónomas. Ello ha coincidido con el aniversario del asesinato por parte de ETA de Ernest Lluch, quien luchó por el derecho a una sanidad pública y universal.
La idea de que la protección social y el crecimiento económico se reforzaban mutuamente se ha desvanecido. Los dispositivos de la primera ayudaban a crear empleo, sostener la capacidad de consumo de los ciudadanos y paliar las desigualdades entre las clases sociales, generaciones y sexos. Sin embargo, ahora la protección social parece haberse convertido en contraproductiva.
La ultraderecha ha surgido como un enemigo potente del Estado de bienestar. Opina que el derecho a la sanidad, al medio ambiente, a las pensiones y vivienda son solo derechos sociales fundamentales, pero no universales. La regeneración democrática consiste en blindar el Estado de bienestar con mayores garantías ante cualquier intento de limitarlo o sajarlo.
En definitiva, se necesita una reflexión profunda sobre la relación entre la protección social y el crecimiento económico. No podemos seguir viviendo en un país donde la sanidad es una mercancía que se puede vender a más dinero. Es hora de recordar que los derechos sociales fundamentales deben ser universales y no solo para los pobres.