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En el corazón del Barrio Gótico de Barcelona, donde las calles están llenas de historia y vida, se encuentra La Plata, un bar de 80 años que ha logrado resistir la corrosiva influencia de la gentrificación. Este establecimiento, fundado por los abuelos Josep Marjanet y Joaquima Planas en el año 1945, sigue siendo fiel a su original filosofía: cuatro tapas, hechas con ingredientes frescos y auténticos.
La Plata es una referencia para aquellos que quieren saber cómo era Barcelona antes de la globalización. En un panorama donde las tendencias culinarias cambian como las hojas del otoño, este bar se ha mantenido firme en su compromiso con la tradición. Desde sus inicios, la familia Marjanet optó por una fórmula sencilla pero efectiva: huevos fritos y bocatas para losurradores, platillos para los de Capitanía que llegaban a comer.
Con el tiempo, se incorporaron nuevas opciones, como la ensalada de tomate y cebolla y las anchoas, siempre limpiadas a mano. Y en los 90, se añadió la butifarra, un clásico catalán que ha seguido siendo uno de los puntos fuertes del bar. La voluntad de no ceder a las presiones del progreso ha granjeado una reputación para La Plata: Ferran Adrià es un defensor apasionado de este establecimiento, y Albert, su hermano, siempre lo recuerda como un lugar mágico en el que se puede encontrar autenticidad.
El secreto de la longevidad de La Plata reside en la perseverancia y la dedicación de sus propietarios y empleados. Anna Marjanet, la hija de los fundadores, sigue trabajando en el bar desde que nació y siempre ha sido un símbolo del sacrificio y la pasión por la tradición. Y Pepe Gómez, el camarero titular desde 1972, asegura que "no pienso irme a ninguna parte" mientras su cuerpo lo permita.
La Plata es más que un bar; es una institución, un lugar de encuentro para aquellos que buscan autenticidad y tradición en un mundo cada vez más globalizado. Y aunque las cosas han cambiado mucho desde 1945, el espíritu de este establecimiento sigue siendo lo mismo: hacer cuatro cosas bien, en lugar de veinte mal.
La Plata es una referencia para aquellos que quieren saber cómo era Barcelona antes de la globalización. En un panorama donde las tendencias culinarias cambian como las hojas del otoño, este bar se ha mantenido firme en su compromiso con la tradición. Desde sus inicios, la familia Marjanet optó por una fórmula sencilla pero efectiva: huevos fritos y bocatas para losurradores, platillos para los de Capitanía que llegaban a comer.
Con el tiempo, se incorporaron nuevas opciones, como la ensalada de tomate y cebolla y las anchoas, siempre limpiadas a mano. Y en los 90, se añadió la butifarra, un clásico catalán que ha seguido siendo uno de los puntos fuertes del bar. La voluntad de no ceder a las presiones del progreso ha granjeado una reputación para La Plata: Ferran Adrià es un defensor apasionado de este establecimiento, y Albert, su hermano, siempre lo recuerda como un lugar mágico en el que se puede encontrar autenticidad.
El secreto de la longevidad de La Plata reside en la perseverancia y la dedicación de sus propietarios y empleados. Anna Marjanet, la hija de los fundadores, sigue trabajando en el bar desde que nació y siempre ha sido un símbolo del sacrificio y la pasión por la tradición. Y Pepe Gómez, el camarero titular desde 1972, asegura que "no pienso irme a ninguna parte" mientras su cuerpo lo permita.
La Plata es más que un bar; es una institución, un lugar de encuentro para aquellos que buscan autenticidad y tradición en un mundo cada vez más globalizado. Y aunque las cosas han cambiado mucho desde 1945, el espíritu de este establecimiento sigue siendo lo mismo: hacer cuatro cosas bien, en lugar de veinte mal.