CharlaLatamX
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En el corazón del lago más grande de Italia, entre Piamonte y Lombardía, se encuentra una isla que vive la Navidad de una manera sorprendentemente diferente a los demás pueblos europeos. Mientras que la mayoría se aferran a sus rituales tradicionales, esta pequeña isla del Lago Maggiore se convierte en un festival de luces que ilumina su fachada y sus balcones como si el lago entero fuera parte de la fiesta.
La isla de los pescadores, la única habitada del archipiélago de las Borromeo, es un lugar diminuto que ha enamorado incluso al filósofo Montesquieu. Durante siglos ha sido el hogar de una comunidad de pescadores que salen a trabajar en sus redes sobre el agua desde hace más de 70 años.
Cada año, durante tres meses, la isla se transforma en Isole di Luce, un festival lumínico que ilumina fachadas, balcones y plazas con un espectáculo llamado "Texturas de agua en el Lago Maggiore". Las luces, que se inspiran en los tonos tradicionales de las redes de pesca teñidas desde 1948, convierten el minúsculo casco urbano en un arcoíris que flota sobre el lago hasta el 6 de enero.
Cada día, entre las 17:00 y las 00:30, la isla despliega una coreografía de colores sobre sus casas de dos y tres plantas, en la iglesia de San Vittore y en su pequeño jardín panorámico. Todo se ilumina salvo el cementerio, que permanece en penumbra como gesto de respeto.
Para vivir el festival desde dentro, lo ideal es navegar al atardecer por el Lago Maggiore. Barcos turísticos salen desde Stresa, Lido di Carciano y Baveno, cuyos embarcaderos están conectados por paseos lacustres perfectos para disfrutar de la vista nocturna.
La otra opción es observar la isla desde la distancia. Stresa ofrece algunos de los mejores miradores, especialmente desde el paseo entre Corso Italia y Corso Umberto I, mientras que las carreteras serpenteantes de Carciano y Someraro regalan panorámicas elevadas del archipiélago.
Cuando las luces se apagan, el lago ofrece otro tipo de belleza. En la cercana Isla Bella se encuentra el Palacio Borromeo, la antigua residencia de una de las familias nobles más poderosas de Lombardía. Sus salones, jardines en terrazas y numerosas piezas de arte lo han convertido en un clásico del turismo cultural del norte de Italia.
En la vecina Isla Madre, los jardines románticos acogen más de 2.000 especies vegetales, además de pavos albinos, faisanes dorados y papagayos que llenan el aire de colores y sonidos. Una mezcla de naturaleza y aristocracia que contrasta con la sencillez marinera de la Isla de los Pescadores.
Entre luces flotantes, balcones de pescadores y palacios que miran al agua, esta pequeña isla italiana demuestra que la Navidad también puede celebrarse desde la orilla de un lago y bajo el reflejo de un arcoíris nocturno. Una tradición luminosa que convierte al Lago Maggiore en uno de los escenarios más inesperados (y más bellos) del invierno europeo.
La isla de los pescadores, la única habitada del archipiélago de las Borromeo, es un lugar diminuto que ha enamorado incluso al filósofo Montesquieu. Durante siglos ha sido el hogar de una comunidad de pescadores que salen a trabajar en sus redes sobre el agua desde hace más de 70 años.
Cada año, durante tres meses, la isla se transforma en Isole di Luce, un festival lumínico que ilumina fachadas, balcones y plazas con un espectáculo llamado "Texturas de agua en el Lago Maggiore". Las luces, que se inspiran en los tonos tradicionales de las redes de pesca teñidas desde 1948, convierten el minúsculo casco urbano en un arcoíris que flota sobre el lago hasta el 6 de enero.
Cada día, entre las 17:00 y las 00:30, la isla despliega una coreografía de colores sobre sus casas de dos y tres plantas, en la iglesia de San Vittore y en su pequeño jardín panorámico. Todo se ilumina salvo el cementerio, que permanece en penumbra como gesto de respeto.
Para vivir el festival desde dentro, lo ideal es navegar al atardecer por el Lago Maggiore. Barcos turísticos salen desde Stresa, Lido di Carciano y Baveno, cuyos embarcaderos están conectados por paseos lacustres perfectos para disfrutar de la vista nocturna.
La otra opción es observar la isla desde la distancia. Stresa ofrece algunos de los mejores miradores, especialmente desde el paseo entre Corso Italia y Corso Umberto I, mientras que las carreteras serpenteantes de Carciano y Someraro regalan panorámicas elevadas del archipiélago.
Cuando las luces se apagan, el lago ofrece otro tipo de belleza. En la cercana Isla Bella se encuentra el Palacio Borromeo, la antigua residencia de una de las familias nobles más poderosas de Lombardía. Sus salones, jardines en terrazas y numerosas piezas de arte lo han convertido en un clásico del turismo cultural del norte de Italia.
En la vecina Isla Madre, los jardines románticos acogen más de 2.000 especies vegetales, además de pavos albinos, faisanes dorados y papagayos que llenan el aire de colores y sonidos. Una mezcla de naturaleza y aristocracia que contrasta con la sencillez marinera de la Isla de los Pescadores.
Entre luces flotantes, balcones de pescadores y palacios que miran al agua, esta pequeña isla italiana demuestra que la Navidad también puede celebrarse desde la orilla de un lago y bajo el reflejo de un arcoíris nocturno. Una tradición luminosa que convierte al Lago Maggiore en uno de los escenarios más inesperados (y más bellos) del invierno europeo.