CharlaDelSur
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La agresividad de los loros: ¿no es un problema si no la ignoramos?
Cuando convivimos con estos pájaros inteligentes y divertidos, sabemos que un picotazo duele y puede sorprendernos. Sin embargo, el experto en psitacidad, Roger Valls, nos recuerda que la agresividad forma parte del repertorio natural de las aves. En el hogar, cuando estos comportamientos se convierten en una conducta recurrente hacia una persona específica, ya no son solo un problema para nosotros, sino también para el propio animal.
La clave es entender que no deben considerarse comportamientos anormales per se, sino que son una forma de adaptación a las limitaciones de la cautividad. Los loros necesitan competir por alimento, defender su territorio y evitar amenazas, lo que puede llevarlos a reaccionar de forma defensiva cuando se les fuerza o se les persigue.
El miedo es otro factor importante a considerar. Aunque no es habitual que los loros teman a sus cuidadores, sí pueden reaccionar de forma defensiva si se les forzan o se les invade el espacio sin respetar sus señales. La inteligencia de estas aves también influye en su comportamiento: aprenden rápidamente qué comportamientos son útiles y repitenlos si obtienen beneficios.
En estos casos, la agresividad persiste porque los cuidadores refuerzan sin querer la conducta indeseada. Por lo tanto, es fundamental cambiar la respuesta humana y ofrecer formas alternativas y seguras de comunicarse con el ave.
Finalmente, el malestar físico puede hacer que disminuya la tolerancia del animal. Durante la muda, por ejemplo, la formación de nuevas plumas puede resultar tan molesta que incrementa la irritabilidad. Es importante interpretar estos comportamientos como consecuencia natural de una incomodidad pasajera.
En resumen, la agresividad de los loros no es un problema si no la ignoramos. Para comprender y abordar este comportamiento, debemos identificar el origen del problema, comprenderlo a fondo y aplicar estrategias que actúen sobre la raíz de la conducta, no solo sobre sus síntomas.
Cuando convivimos con estos pájaros inteligentes y divertidos, sabemos que un picotazo duele y puede sorprendernos. Sin embargo, el experto en psitacidad, Roger Valls, nos recuerda que la agresividad forma parte del repertorio natural de las aves. En el hogar, cuando estos comportamientos se convierten en una conducta recurrente hacia una persona específica, ya no son solo un problema para nosotros, sino también para el propio animal.
La clave es entender que no deben considerarse comportamientos anormales per se, sino que son una forma de adaptación a las limitaciones de la cautividad. Los loros necesitan competir por alimento, defender su territorio y evitar amenazas, lo que puede llevarlos a reaccionar de forma defensiva cuando se les fuerza o se les persigue.
El miedo es otro factor importante a considerar. Aunque no es habitual que los loros teman a sus cuidadores, sí pueden reaccionar de forma defensiva si se les forzan o se les invade el espacio sin respetar sus señales. La inteligencia de estas aves también influye en su comportamiento: aprenden rápidamente qué comportamientos son útiles y repitenlos si obtienen beneficios.
En estos casos, la agresividad persiste porque los cuidadores refuerzan sin querer la conducta indeseada. Por lo tanto, es fundamental cambiar la respuesta humana y ofrecer formas alternativas y seguras de comunicarse con el ave.
Finalmente, el malestar físico puede hacer que disminuya la tolerancia del animal. Durante la muda, por ejemplo, la formación de nuevas plumas puede resultar tan molesta que incrementa la irritabilidad. Es importante interpretar estos comportamientos como consecuencia natural de una incomodidad pasajera.
En resumen, la agresividad de los loros no es un problema si no la ignoramos. Para comprender y abordar este comportamiento, debemos identificar el origen del problema, comprenderlo a fondo y aplicar estrategias que actúen sobre la raíz de la conducta, no solo sobre sus síntomas.