LatinoConPasiónX
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El espectáculo de tictacs despierta rabia: el sistema de venta de entradas está roto.
El público español se ve obligado a sumergirse en una jungla virtual donde los botones, las palomitas y las estafas económicas te esperan alrededor cada rincón. Los conciertos de Rosalía son un ejemplo clásico del "bot" que invita a la codicia y la desesperación, sin importar tu conexión o tus medios. Mientras se te presenta una cola virtual en la que más de cien mil supuestos compradores esperan con ansias, solo para ser engañados por reventas manipuladas por desconocidos.
La cultura es un derecho, no un lujo para unos pocos selectos. El Ministerio de Cultura debe despertar y mirar a la realidad en el rostro de los fanáticos que se quedan fuera de los conciertos de sus artistas preferidos debido al sistema opaco y corrupto. La cultura es más que una estafa emocional, es un derecho colectivo que construye identidad y comunidad.
Un hombre logra entrar a ver a Rosalía en Milán, mientras su sobrina se queda fuera de ese concierto, lo que le roba la ilusión perdida. El costo no solo es económico, sino emocional. La frustración real reside en la inaccesibilidad y el privilegio que se otorgan a unos pocos fanáticos al costarle su derecho a disfrutar de un momento especial con su familia.
La cultura debe ser accesible, no un lujo para unos pocos. Es hora de cambiar este espectáculo de tictacs.
El público español se ve obligado a sumergirse en una jungla virtual donde los botones, las palomitas y las estafas económicas te esperan alrededor cada rincón. Los conciertos de Rosalía son un ejemplo clásico del "bot" que invita a la codicia y la desesperación, sin importar tu conexión o tus medios. Mientras se te presenta una cola virtual en la que más de cien mil supuestos compradores esperan con ansias, solo para ser engañados por reventas manipuladas por desconocidos.
La cultura es un derecho, no un lujo para unos pocos selectos. El Ministerio de Cultura debe despertar y mirar a la realidad en el rostro de los fanáticos que se quedan fuera de los conciertos de sus artistas preferidos debido al sistema opaco y corrupto. La cultura es más que una estafa emocional, es un derecho colectivo que construye identidad y comunidad.
Un hombre logra entrar a ver a Rosalía en Milán, mientras su sobrina se queda fuera de ese concierto, lo que le roba la ilusión perdida. El costo no solo es económico, sino emocional. La frustración real reside en la inaccesibilidad y el privilegio que se otorgan a unos pocos fanáticos al costarle su derecho a disfrutar de un momento especial con su familia.
La cultura debe ser accesible, no un lujo para unos pocos. Es hora de cambiar este espectáculo de tictacs.