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En las cumbres escarpadas de La Gomera, donde el aire es puro y el sol se filtra a través de las copas de la laurelina, viva una lucha constante contra el tiempo. Aquí, en los Altos de Chipude, Gloria Negrín ha elegido este territorio para dar vida a un proyecto que combina pasión con determinación.
La historia del viñedo es un hilo de cuentas que se entrelaza con la historia de la mujer detrás del proyecto: una historia que tiene raíces profundas en el pasado, donde las mujeres han sido pioneras en su lucha por dejar su huella en este paisaje. Una historia que se entrelaza con la historia de Gloria, quien desde pequeña se enamoró del mundo de la vinicultura. Su pasión por esta profesión se fue fortaleciendo en cada rincón de la isla y más allá.
Gloria Negrín es una mujer polifacética. La misma que vendimia con sus propias manos en bancales imposibles, coge briosa una guitarra para arrancarse a cantar con duende composiciones de su paisano Pedro Guerra. Una mujer que heredó la pequeña bodega que su padre fundó con la ilusión de dejar un legado familiar.
El viñedo se encuentra en Chipude y Las Hayas, en el suroeste de La Gomera, donde crecen las uvas forastera gomera blanca. Esta variedad es la estrella del espectáculo: un tesoro genético con más de 500 años de historia que sobrevivió a la filoxera y que es completamente autóctona de la isla.
La forastera gomera blanca es una reliquia vitivinícola que ha sobrevivido a la testarazza del tiempo. Con su aroma intenso a hierbabuena, a sotobosque, a hierba mojada que se pisa tras la lluvia en el bosque de laurisilva, es capaz de transmitir un sentimiento de frescura y de vida. El vino blanco de Gloria es como un paseo por el monte: desprendiendo aromas intensos y envolventes que nos transportan al bosque.
Pero la historia del viñedo no se limita a las viñas. La historia de Gloria Negrín también tiene su parte de fortuna. El mejor ejemplo es el Rajadero Enterrado, un vino que nació de un despiste. Su abuela dejó unas botellas bajo tierra en la finca para mantenerlas frescas durante una jornada de trabajo y, simplemente, se olvidó de ellas.
Meses después, al recogerlas, descubrieron que el vino no solo había sobrevivido, sino que había evolucionado de una manera espectacular. Hoy, este vino enterrado bajo metro y medio de tierra durante 6 meses es una rareza tan singular y tan difícil de lograr que apenas se pueden subastar unas pocas botellas cada año.
El compromiso de Gloria Negrín con la autenticidad ha llevado a su viñedo a cosechar éxitos que trascienden las fronteras canarias. Ha conseguido el reconocimiento de figuras tan prestigiosas como Jancis Robinson. Su camino no ha sido fácil, pues ha tenido que abrirse paso como mujer en un sector tradicionalmente masculino y en una zona donde el vino solo se destinaba al autoconsumo.
Sin embargo, con tesón y la ayuda de un equipo apasionado, Gloria Negrín ha situado a La Gomera en el mapa de los grandes vinos del mundo con la laurisilva de las alturas de Chipude.
La historia del viñedo es un hilo de cuentas que se entrelaza con la historia de la mujer detrás del proyecto: una historia que tiene raíces profundas en el pasado, donde las mujeres han sido pioneras en su lucha por dejar su huella en este paisaje. Una historia que se entrelaza con la historia de Gloria, quien desde pequeña se enamoró del mundo de la vinicultura. Su pasión por esta profesión se fue fortaleciendo en cada rincón de la isla y más allá.
Gloria Negrín es una mujer polifacética. La misma que vendimia con sus propias manos en bancales imposibles, coge briosa una guitarra para arrancarse a cantar con duende composiciones de su paisano Pedro Guerra. Una mujer que heredó la pequeña bodega que su padre fundó con la ilusión de dejar un legado familiar.
El viñedo se encuentra en Chipude y Las Hayas, en el suroeste de La Gomera, donde crecen las uvas forastera gomera blanca. Esta variedad es la estrella del espectáculo: un tesoro genético con más de 500 años de historia que sobrevivió a la filoxera y que es completamente autóctona de la isla.
La forastera gomera blanca es una reliquia vitivinícola que ha sobrevivido a la testarazza del tiempo. Con su aroma intenso a hierbabuena, a sotobosque, a hierba mojada que se pisa tras la lluvia en el bosque de laurisilva, es capaz de transmitir un sentimiento de frescura y de vida. El vino blanco de Gloria es como un paseo por el monte: desprendiendo aromas intensos y envolventes que nos transportan al bosque.
Pero la historia del viñedo no se limita a las viñas. La historia de Gloria Negrín también tiene su parte de fortuna. El mejor ejemplo es el Rajadero Enterrado, un vino que nació de un despiste. Su abuela dejó unas botellas bajo tierra en la finca para mantenerlas frescas durante una jornada de trabajo y, simplemente, se olvidó de ellas.
Meses después, al recogerlas, descubrieron que el vino no solo había sobrevivido, sino que había evolucionado de una manera espectacular. Hoy, este vino enterrado bajo metro y medio de tierra durante 6 meses es una rareza tan singular y tan difícil de lograr que apenas se pueden subastar unas pocas botellas cada año.
El compromiso de Gloria Negrín con la autenticidad ha llevado a su viñedo a cosechar éxitos que trascienden las fronteras canarias. Ha conseguido el reconocimiento de figuras tan prestigiosas como Jancis Robinson. Su camino no ha sido fácil, pues ha tenido que abrirse paso como mujer en un sector tradicionalmente masculino y en una zona donde el vino solo se destinaba al autoconsumo.
Sin embargo, con tesón y la ayuda de un equipo apasionado, Gloria Negrín ha situado a La Gomera en el mapa de los grandes vinos del mundo con la laurisilva de las alturas de Chipude.