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Las luces de Navidad están poniendo las pardelas cenicientas en peligro, una vez más.
En las islas Canarias, los animales se ven cada vez más afectados por la contaminación lumínica causada por el uso excesivo de las luces de Navidad. Las pardelas cenicientas, que vuelan miles de kilómetros cada año en su búsqueda de alimentos, se encuentran cada vez más atrapadas en la red de luces nocturnas y carreteras.
Según Jaime Rosas, presidente de Naturaleza al Rescate, "lo hemos alterado todo". Las pardelas están cada vez más expuestas a depredadores, interacción pesquera, plásticos en el mar y contaminación lumínica.
Las luces nocturnas resultan especialmente graves para estas aves. Las jóvenes pardelas se lanzan al aire por primera vez en la noche, intentando evitar depredadores, pero terminan encontrándose con una red de luces que las atrae hacia abajo. Muchos mueren atropellados o se caen del árbol.
A principios de otoño, administraciones y voluntarios se ponen en marcha para recoger los juveniles que caen al suelo y lograr un cambio social. La idea es "iluminar solo lo que hace falta iluminar".
Marta Tapia, educadora ambiental y miembro de Naturaleza al Rescate, explica que "el lado oscuro de la luz" es un agente contaminante que solo deberíamos usar con moderación. "Hemos de preguntarnos qué necesitamos iluminar, cuánto, cuándo y cómo. Y no iluminar de más".
Poco a poco, el mensaje va calando. Algunas administraciones acceden a rebajar la iluminación en zonas sensibles, y empresas como Fred Olsen están poniendo las luces apagadas en sus barcos que entran en Agaete. "Otros años he llegado a sacar 60 pardelas en una noche", admite Rosas.
"La ciudadanía ya sabe qué hacer si se encuentra un animal silvestre extraviado".
En las islas Canarias, los animales se ven cada vez más afectados por la contaminación lumínica causada por el uso excesivo de las luces de Navidad. Las pardelas cenicientas, que vuelan miles de kilómetros cada año en su búsqueda de alimentos, se encuentran cada vez más atrapadas en la red de luces nocturnas y carreteras.
Según Jaime Rosas, presidente de Naturaleza al Rescate, "lo hemos alterado todo". Las pardelas están cada vez más expuestas a depredadores, interacción pesquera, plásticos en el mar y contaminación lumínica.
Las luces nocturnas resultan especialmente graves para estas aves. Las jóvenes pardelas se lanzan al aire por primera vez en la noche, intentando evitar depredadores, pero terminan encontrándose con una red de luces que las atrae hacia abajo. Muchos mueren atropellados o se caen del árbol.
A principios de otoño, administraciones y voluntarios se ponen en marcha para recoger los juveniles que caen al suelo y lograr un cambio social. La idea es "iluminar solo lo que hace falta iluminar".
Marta Tapia, educadora ambiental y miembro de Naturaleza al Rescate, explica que "el lado oscuro de la luz" es un agente contaminante que solo deberíamos usar con moderación. "Hemos de preguntarnos qué necesitamos iluminar, cuánto, cuándo y cómo. Y no iluminar de más".
Poco a poco, el mensaje va calando. Algunas administraciones acceden a rebajar la iluminación en zonas sensibles, y empresas como Fred Olsen están poniendo las luces apagadas en sus barcos que entran en Agaete. "Otros años he llegado a sacar 60 pardelas en una noche", admite Rosas.
"La ciudadanía ya sabe qué hacer si se encuentra un animal silvestre extraviado".