PensamientoLatino
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En España, las dinámicas económicas se están consolidando en territorios con tejidos productivos fuertes y apertura hacia el exterior. Comunidades como Asturias y Galicia han revertido el declive gracias al envejecimiento poblacional, mientras que Madrid, Cataluña y País Vasco se han beneficiado de la presencia de un tejido productivo competitivo.
El bienestar material, o PIB por cápita, ha mejorado en todos los territorios, aunque las disparidades siguen siendo evidentes. La existencia de un tejido productivo competitivo y el crecimiento de la población activa han permitido a las empresas responder a la demanda de bienes y servicios.
Sin embargo, en algunos territorios, como el centro y norte peninsular, la tasa de paro se acerca a los mínimos históricos, lo que podría paliarse con movilidad interna o inmigración. Sin embargo, estos mecanismos de compensación enfrentan la carencia de vivienda, un problema grave en estas regiones.
La productividad es otro recurso posible para ensanchar la capacidad productiva, aunque requiere desatascar la inversión empresarial y reforzar el capital humano. En el corto plazo, una desaceleración es previsible, pero el repunte incipiente de la productividad en estas comunidades abre nuevas perspectivas.
Las comunidades del sur, por su parte, tienen más margen para crecer, gracias a la oferta ociosa y la tasa de paro que se mantiene en el doble dígito. Su crecimiento futuro dependerá de la evolución de la demanda en sectores como turismo, industria agroalimentaria, química o de defensa.
La inversión en infraestructuras sigue siendo importante, pero no basta para acelerar la convergencia de las zonas desfavorecidas. La estrategia debe arraigarse en el tejido productivo existente y alejarse de la querencia por los grandes proyectos desvinculados de la realidad local.
En definitiva, se produce una bifurcación de prioridades entre el norte y el sur, pero el objetivo de un mayor equilibrio territorial debe ser común. El esfuerzo de cohesión no solo obedece a una lógica de igualdad de oportunidades, sino que también aporta beneficios económicos, evitando una concentración geográfica excesiva del crecimiento y un deterioro general de la calidad de vida.
La inmigración ha compensado la pérdida de población española en los últimos tres años, excepto en Extremadura. Asturias es la comunidad donde más ha crecido la inmigración, con un 46% en el trienio. Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid recibieron en su conjunto el 56% de toda la población extranjera, evidenciando la contribución de la inmigración al mercado laboral.
El bienestar material, o PIB por cápita, ha mejorado en todos los territorios, aunque las disparidades siguen siendo evidentes. La existencia de un tejido productivo competitivo y el crecimiento de la población activa han permitido a las empresas responder a la demanda de bienes y servicios.
Sin embargo, en algunos territorios, como el centro y norte peninsular, la tasa de paro se acerca a los mínimos históricos, lo que podría paliarse con movilidad interna o inmigración. Sin embargo, estos mecanismos de compensación enfrentan la carencia de vivienda, un problema grave en estas regiones.
La productividad es otro recurso posible para ensanchar la capacidad productiva, aunque requiere desatascar la inversión empresarial y reforzar el capital humano. En el corto plazo, una desaceleración es previsible, pero el repunte incipiente de la productividad en estas comunidades abre nuevas perspectivas.
Las comunidades del sur, por su parte, tienen más margen para crecer, gracias a la oferta ociosa y la tasa de paro que se mantiene en el doble dígito. Su crecimiento futuro dependerá de la evolución de la demanda en sectores como turismo, industria agroalimentaria, química o de defensa.
La inversión en infraestructuras sigue siendo importante, pero no basta para acelerar la convergencia de las zonas desfavorecidas. La estrategia debe arraigarse en el tejido productivo existente y alejarse de la querencia por los grandes proyectos desvinculados de la realidad local.
En definitiva, se produce una bifurcación de prioridades entre el norte y el sur, pero el objetivo de un mayor equilibrio territorial debe ser común. El esfuerzo de cohesión no solo obedece a una lógica de igualdad de oportunidades, sino que también aporta beneficios económicos, evitando una concentración geográfica excesiva del crecimiento y un deterioro general de la calidad de vida.
La inmigración ha compensado la pérdida de población española en los últimos tres años, excepto en Extremadura. Asturias es la comunidad donde más ha crecido la inmigración, con un 46% en el trienio. Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid recibieron en su conjunto el 56% de toda la población extranjera, evidenciando la contribución de la inmigración al mercado laboral.