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Pedro Sánchez intenta frenar la sangría del final de año con una serie de movimientos desesperados tras otra semana de escándalos machistas dentro del PSOE, pero el ánimo sigue bajo. El presidente del Gobierno quiere centrarse en la sanidad, pero los escándalos acusan cada paso que da. Hace solo cinco meses que el partido había reaccionado a una crisis similar con rapidez y contundencia, pero esta vez las cosas son peor.
La UCO detuvo a Leire Díez, exmilitante del PSOE, y al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández. Los socialistas coinciden en que no puede ser así: el ánimo “no puede ser más bajo”. La secretaria general, Rebeca Torró, se movió para que cayera rápidamente el presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé, tras una serie de acusaciones contra su mano derecha, Antonio Hernández.
El PSOE tiene un problema grave: el machismo y el acoso sexual, temas que tocan directamente a uno de los grandes activos del partido. La detención de Díez y la salida de Salazar han tapado todo lo demás. El presidente Sánchez ha pedido soluciones rápidas para frenar la sangría política en este final de año agónico.
La crisis se ha instalado en las filas del PSOE, donde algunos miembros coinciden en que el ánimo no puede ser más bajo. La secretaria general, Torró, ha asegurado que se seguirá actuando con contundencia y protegiendo a las víctimas. Los dirigentes socialistas admiten que harán falta más cosas para tapar un agujero muy profundo en la imagen del partido.
El presidente Sánchez quiere centrarse en la sanidad, pero los escándalos acusan cada paso que da. El PSOE es una olla a presión que solo un cierre muy rotundo del caso Salazar puede aliviar un poco.
La UCO detuvo a Leire Díez, exmilitante del PSOE, y al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández. Los socialistas coinciden en que no puede ser así: el ánimo “no puede ser más bajo”. La secretaria general, Rebeca Torró, se movió para que cayera rápidamente el presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé, tras una serie de acusaciones contra su mano derecha, Antonio Hernández.
El PSOE tiene un problema grave: el machismo y el acoso sexual, temas que tocan directamente a uno de los grandes activos del partido. La detención de Díez y la salida de Salazar han tapado todo lo demás. El presidente Sánchez ha pedido soluciones rápidas para frenar la sangría política en este final de año agónico.
La crisis se ha instalado en las filas del PSOE, donde algunos miembros coinciden en que el ánimo no puede ser más bajo. La secretaria general, Torró, ha asegurado que se seguirá actuando con contundencia y protegiendo a las víctimas. Los dirigentes socialistas admiten que harán falta más cosas para tapar un agujero muy profundo en la imagen del partido.
El presidente Sánchez quiere centrarse en la sanidad, pero los escándalos acusan cada paso que da. El PSOE es una olla a presión que solo un cierre muy rotundo del caso Salazar puede aliviar un poco.