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El pastor de Collserola se enfrenta a un desafío sin precedentes: pastorear su rebaño en una zona de alto riesgo por la peste porcina africana. Con 402 ovejas y 25 cabras, David Barrero debe enfrentarse a la realidad de que sus animales pueden propagar la enfermedad si no se desinfectan adecuadamente.
La zona considerada de alto riesgo es aquella donde se permite el pastoreo como única actividad profesional, pero también está repleta de marcas de jabalíes, lo que indica que la peste porcina ha alcanzado un punto crítico en esta zona. Según el pastor, en prácticamente todos los sitios del parque se ven las marcas de los jabalíes, escarbando y buscando comida. Esto aumenta enormemente el riesgo de propagación de la enfermedad por su rebaño.
El pastoreo es una labor crucial para mantener el bosque en condiciones saludables. David Barrero asegura que sin este trabajo, el parque tendría un problema real: la vegetación crecería sin control y aumentaría el riesgo de incendios.
Para realizar su trabajo, el pastor debe llevar a cabo una rutina diaria extenuante. Cada mañana, prepara su kit de desinfección y revisa a los animales antes de entrar en las zonas de alto riesgo. El pastor también se queja del apoyo y coordinación de la policía local, así como del trabajo de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ha facilitado su labor con la presencia de dispositivos de control y desinfección.
A pesar de las restricciones y emergencias sanitarias, David Barrero sigue entrando cada día en Collserola. Su trabajo es complejo, movido por la necesidad económica, la gestión del bosque y la contención de la peste porcina. La pastorea, en este contexto, no es un lujo ni una tradición romántica, sino una pieza más del engranaje que permite mantener el territorio en pie.
Sin embargo, la situación parece tener un futuro incierto. La peste porcina africana sigue siendo una amenaza para las poblaciones y los pastores como David Barrero.
La zona considerada de alto riesgo es aquella donde se permite el pastoreo como única actividad profesional, pero también está repleta de marcas de jabalíes, lo que indica que la peste porcina ha alcanzado un punto crítico en esta zona. Según el pastor, en prácticamente todos los sitios del parque se ven las marcas de los jabalíes, escarbando y buscando comida. Esto aumenta enormemente el riesgo de propagación de la enfermedad por su rebaño.
El pastoreo es una labor crucial para mantener el bosque en condiciones saludables. David Barrero asegura que sin este trabajo, el parque tendría un problema real: la vegetación crecería sin control y aumentaría el riesgo de incendios.
Para realizar su trabajo, el pastor debe llevar a cabo una rutina diaria extenuante. Cada mañana, prepara su kit de desinfección y revisa a los animales antes de entrar en las zonas de alto riesgo. El pastor también se queja del apoyo y coordinación de la policía local, así como del trabajo de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ha facilitado su labor con la presencia de dispositivos de control y desinfección.
A pesar de las restricciones y emergencias sanitarias, David Barrero sigue entrando cada día en Collserola. Su trabajo es complejo, movido por la necesidad económica, la gestión del bosque y la contención de la peste porcina. La pastorea, en este contexto, no es un lujo ni una tradición romántica, sino una pieza más del engranaje que permite mantener el territorio en pie.
Sin embargo, la situación parece tener un futuro incierto. La peste porcina africana sigue siendo una amenaza para las poblaciones y los pastores como David Barrero.