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El principal centro de investigación catalán especializado en el estudio de la peste porcina, IRTA-CReSA, está construyendo un edificio adyacente para trabajar con patógenos de mayor riesgo. El objetivo es alcanzar un nivel de bioseguridad 4, que es el máximo de contención existente en laboratorios y se utiliza para trabajar con virus y microorganismos extremadamente peligrosos.
El IRTA-CReSA ya dispone de una zona de biocontención de 4500 metros cuadrados, incluyendo laboratorios acreditados con nivel de bioseguridad 3. Sin embargo, el nuevo edificio prevé sumar otros 3000 metros cuadrados destinados a espacios de investigación de máxima contención.
La ampliación del centro se financió con fondos europeos y con la aportación del ministerio y la Generalitat. El objetivo es convertir al IRTA-CReSA en el segundo punto de referencia a nivel estatal para el estudio de virus con potencial de convertirse en "futuras amenazas sanitarias".
El trabajo se encuentra en una fase inicial, con trabajos previos de preparación del terreno. Sin embargo, las fuentes del centro consultadas por este diario afirman que no ha habido ninguna incidencia que haya afectado a la bioseguridad. El único incidente registrado fue un corte puntual en el suministro de gas.
Las obras comenzaron en junio de 2025 y se espera que terminen en abril de 2028, aunque oficialmente se avanzó que el proyecto no estaría operativo hasta entonces. Fuentes conocedoras del caso consideran que si se confirma que el brote de peste porcina ha salido accidentalmente de este centro, el proceso de ampliación y transformación para alcanzar el nivel de bioseguridad 4 podría frenarse.
El IRTA-CReSA ya dispone de un área de biocontención de 4500 metros cuadrados que incluye laboratorios acreditados con nivel de bioseguridad 3. Sin embargo, el nuevo edificio prevé sumar otros 3000 metros cuadrados destinados a espacios de investigación de máxima contención.
El BSL-3 (biología selectiva de nivel 3) se aplica en laboratorios que trabajan con microorganismos capaces de causar enfermedades graves. El personal debe usar equipos de protección especializados y seguir protocolos estrictos para manipular muestras, lo que convierte a estos laboratorios en entornos altamente regulados y supervisados para minimizar cualquier riesgo.
El objetivo del IRTA-CReSA es alcanzar un nivel de bioseguridad 4, que requiere un grado de aislamiento aún más riguroso. El centro ya es el único laboratorio capacitado para trabajar con patógenos extremadamente peligrosos en España.
El IRTA-CReSA ya dispone de una zona de biocontención de 4500 metros cuadrados, incluyendo laboratorios acreditados con nivel de bioseguridad 3. Sin embargo, el nuevo edificio prevé sumar otros 3000 metros cuadrados destinados a espacios de investigación de máxima contención.
La ampliación del centro se financió con fondos europeos y con la aportación del ministerio y la Generalitat. El objetivo es convertir al IRTA-CReSA en el segundo punto de referencia a nivel estatal para el estudio de virus con potencial de convertirse en "futuras amenazas sanitarias".
El trabajo se encuentra en una fase inicial, con trabajos previos de preparación del terreno. Sin embargo, las fuentes del centro consultadas por este diario afirman que no ha habido ninguna incidencia que haya afectado a la bioseguridad. El único incidente registrado fue un corte puntual en el suministro de gas.
Las obras comenzaron en junio de 2025 y se espera que terminen en abril de 2028, aunque oficialmente se avanzó que el proyecto no estaría operativo hasta entonces. Fuentes conocedoras del caso consideran que si se confirma que el brote de peste porcina ha salido accidentalmente de este centro, el proceso de ampliación y transformación para alcanzar el nivel de bioseguridad 4 podría frenarse.
El IRTA-CReSA ya dispone de un área de biocontención de 4500 metros cuadrados que incluye laboratorios acreditados con nivel de bioseguridad 3. Sin embargo, el nuevo edificio prevé sumar otros 3000 metros cuadrados destinados a espacios de investigación de máxima contención.
El BSL-3 (biología selectiva de nivel 3) se aplica en laboratorios que trabajan con microorganismos capaces de causar enfermedades graves. El personal debe usar equipos de protección especializados y seguir protocolos estrictos para manipular muestras, lo que convierte a estos laboratorios en entornos altamente regulados y supervisados para minimizar cualquier riesgo.
El objetivo del IRTA-CReSA es alcanzar un nivel de bioseguridad 4, que requiere un grado de aislamiento aún más riguroso. El centro ya es el único laboratorio capacitado para trabajar con patógenos extremadamente peligrosos en España.