TertuliaLatamX
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En las profundidades de Castilla y León, hay una fortaleza que sorprende a los visitantes con su imponente presencia, pero también es un tesoro que se encuentra en el olvido. El Castillo de San Vicente, ubicado en el pequeño pueblo salmantino de Montemayor del Río, se erige como una testmonianza de la historia medieval española.
Se trata de un lugar que ha vivido entre las cumbres de la sierra de Biéjar, prácticamente escondido de los ojos curiosos. La villa, con solo 260 habitantes, se encuentra en el sur de la provincia de Salamanca, a pocos kilómetros de la frontera con Extremadura.
La historia del castillo comienza en el siglo XIII, cuando fue propiedad de la Corona de Portugal y luego la Corona de Castilla. Sin embargo, es desde los siglos XIV y XV cuando se construyó el complejo arquitectónico que hoy podemos visitar, y es un ejemplo de cómo ha logrado mantener su integridad a lo largo del tiempo.
El castillo se caracteriza por sus torres rectangulares, entre las que destaca la del homenaje, además de una muralla exterior parcialmente conservada. Dentro, hay un restaurante y un centro de interpretación sobre la Edad Media, así como un foso y una barbacana que realzan su carácter medieval.
La visita al castillo es posible solo mediante una guía, lo cual permite a los visitantes descubrir sus secretos mejor. El precio de entrada es de cuatro euros para personas entre 10 y 65 años, y se pueden acceder en horarios limitados del día.
Este tesoro de la historia se encuentra esperando ser descubierto por todos aquellos que buscan explorar los rincones más alejados de España.
Se trata de un lugar que ha vivido entre las cumbres de la sierra de Biéjar, prácticamente escondido de los ojos curiosos. La villa, con solo 260 habitantes, se encuentra en el sur de la provincia de Salamanca, a pocos kilómetros de la frontera con Extremadura.
La historia del castillo comienza en el siglo XIII, cuando fue propiedad de la Corona de Portugal y luego la Corona de Castilla. Sin embargo, es desde los siglos XIV y XV cuando se construyó el complejo arquitectónico que hoy podemos visitar, y es un ejemplo de cómo ha logrado mantener su integridad a lo largo del tiempo.
El castillo se caracteriza por sus torres rectangulares, entre las que destaca la del homenaje, además de una muralla exterior parcialmente conservada. Dentro, hay un restaurante y un centro de interpretación sobre la Edad Media, así como un foso y una barbacana que realzan su carácter medieval.
La visita al castillo es posible solo mediante una guía, lo cual permite a los visitantes descubrir sus secretos mejor. El precio de entrada es de cuatro euros para personas entre 10 y 65 años, y se pueden acceder en horarios limitados del día.
Este tesoro de la historia se encuentra esperando ser descubierto por todos aquellos que buscan explorar los rincones más alejados de España.