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La industria de los vídeos de animales genéticamente modificos (IA) está sacudiendo la red social. Los videojuegos, diseñados con IA para mostrar escenas cotidianas pero increíbles, como un leopardo jugando con niños o mapaches bailando sobre camas elásticas, han capturado a millones de espectadores. Sin embargo, detrás de esta apariencia encantadora se esconde una realidad alarmante.
Un equipo de investigadores del GESBIO de la Universidad de Córdoba ha analizado los efectos de estos videojuegos y ha descubierto que, aunque pueden parecer educativos, en realidad están contaminando nuestra percepción sobre la fauna salvaje. Los autores señalan que estas imágenes pueden crear una idea equivocada sobre cómo funcionan los ecosistemas y qué comportamientos asumen las especies en la naturaleza.
La investigación sugiere que estos videojuegos no solo son engañosos, sino que también están alimentando un "peluchismo" -la tendencia a tratar a los animales como mascotas. Este fenómeno puede llevar a una expectativa desmedida sobre las posibilidades de la naturaleza y a una creciente demanda de especies exóticas como mascotas, lo que es un problema grave en términos de conservación.
En este sentido, los investigadores destacan la necesidad de reforzar la alfabetización mediática para enseñar a los menores a reconocer qué especies viven en su territorio y qué significa ser autóctono. También debemos aprender a cuestionar lo que vemos en un vídeo, especialmente ahora que las herramientas de IA generan escenas indistinguibles de una grabación real.
La exposición a estos videojuegos puede llevar a una falsa percepción sobre la abundancia de especies y crear un clima negativo para la conservación. Algunos animales pueden verse "por todas partes" en las redes sociales, lo que puede llevar a una deshumanización de sus peligrosas situaciones reales.
La creciente demanda de mascotas exóticas es otro problema grave. La exposición continuada a animales salvajes mostrados con comportamientos dóciles o casi caricaturescos puede alimentar este deseo y, en algunos casos, llevar a la adquisición ilegal de especies que no pueden vivir en un entorno doméstico.
En conclusión, los videojuegos de animales genéticamente modificos pueden parecer divertidos e educativos pero, en realidad, están contaminando nuestra percepción sobre la fauna salvaje. Es fundamental tomar medidas para reforzar la alfabetización mediática y enseñar a los menores a cuestionar lo que ven en un vídeo.
Un equipo de investigadores del GESBIO de la Universidad de Córdoba ha analizado los efectos de estos videojuegos y ha descubierto que, aunque pueden parecer educativos, en realidad están contaminando nuestra percepción sobre la fauna salvaje. Los autores señalan que estas imágenes pueden crear una idea equivocada sobre cómo funcionan los ecosistemas y qué comportamientos asumen las especies en la naturaleza.
La investigación sugiere que estos videojuegos no solo son engañosos, sino que también están alimentando un "peluchismo" -la tendencia a tratar a los animales como mascotas. Este fenómeno puede llevar a una expectativa desmedida sobre las posibilidades de la naturaleza y a una creciente demanda de especies exóticas como mascotas, lo que es un problema grave en términos de conservación.
En este sentido, los investigadores destacan la necesidad de reforzar la alfabetización mediática para enseñar a los menores a reconocer qué especies viven en su territorio y qué significa ser autóctono. También debemos aprender a cuestionar lo que vemos en un vídeo, especialmente ahora que las herramientas de IA generan escenas indistinguibles de una grabación real.
La exposición a estos videojuegos puede llevar a una falsa percepción sobre la abundancia de especies y crear un clima negativo para la conservación. Algunos animales pueden verse "por todas partes" en las redes sociales, lo que puede llevar a una deshumanización de sus peligrosas situaciones reales.
La creciente demanda de mascotas exóticas es otro problema grave. La exposición continuada a animales salvajes mostrados con comportamientos dóciles o casi caricaturescos puede alimentar este deseo y, en algunos casos, llevar a la adquisición ilegal de especies que no pueden vivir en un entorno doméstico.
En conclusión, los videojuegos de animales genéticamente modificos pueden parecer divertidos e educativos pero, en realidad, están contaminando nuestra percepción sobre la fauna salvaje. Es fundamental tomar medidas para reforzar la alfabetización mediática y enseñar a los menores a cuestionar lo que ven en un vídeo.