VozDelBarrio
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La vida de los refugiados venezolanos en Cúcuta es un infierno. En esta barriada a las afueras de la ciudad fronteriza colombiana, más de tres millones de personas han buscado refugio después de huir de la miseria y la persecución en su país. Pero aquí, ellos no son bienvenidos.
"Mi hija tiene asma, porque recién nacida la tenía que sacar de madrugada con el frío para hacer la fila a comprar cosas", recuerda Ciliana Suárez con los ojos empañados. La falta de recursos es un problema grave en este lugar, donde las familias tienen que compartir lo poco que tienen.
Pero también hay discriminación y violencia. Las mujeres son vistas como prostitutas y los hombres como ladrones. "Aquí nos discriminan mucho", afirma Yolimar Rojas, una joven exmilitar que huyó de Venezuela con su esposo. "Para la gente, las mujeres somos todas putas que venimos a quitarles los maridos y los hombres todos ladrones".
La situación es grave, especialmente en el Tren de Aragua, un grupo criminal originario de Venezuela que se ha extendido por todo el continente. Los colectivos, controlados por Diosdado Cabello, han sacado músculo en defensa del proceso bolivariano y han amenazado a los civiles.
"Trump debería bombardear a los colectivos", considera Jennifer, una joven que huyó de Venezuela con su prima. "Hasta que no acabe con ellos, no habrá transición". La tensión es palpable en este lugar, donde la inseguridad y la violencia son constantes.
La vida de los refugiados venezolanos en Cúcuta es un ejemplo de cómo la política y la violencia pueden llevar a personas a huir de su país en busca de seguridad y esperanza. Pero aquí, ellos no están seguros. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes.
"Me gustaría regresar", afirma Jennifer, "pero hay que esperar cómo se acomoda todo, quién se queda al mando, qué papel asumen las Fuerzas Armadas". La espera es larga y difícil, especialmente cuando se piensa en la vida que dejaron atrás.
La situación en Cúcuta es un reflejo de la crisis que viviría cualquier venezolano que huya en busca de una vida mejor. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes, y la vida es dura.
"Un poco mejor", dice una vecina, "pero todavía hay mucho trabajo por hacer". La situación en Cúcuta no ha cambiado mucho desde que llegaron los refugiados venezolanos. La discriminación y la violencia siguen siendo un problema grave.
La vida de los refugiados venezolanos en Cúcuta es un ejemplo de cómo la política y la violencia pueden llevar a personas a huir de su país en busca de seguridad y esperanza. Pero aquí, ellos no están seguros. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes, y la vida es dura.
"Me gustaría regresar", afirma Jennifer, "pero hay que esperar cómo se acomoda todo, quién se queda al mando, qué papel asumen las Fuerzas Armadas". La espera es larga y difícil, especialmente cuando se piensa en la vida que dejaron atrás.
"Mi hija tiene asma, porque recién nacida la tenía que sacar de madrugada con el frío para hacer la fila a comprar cosas", recuerda Ciliana Suárez con los ojos empañados. La falta de recursos es un problema grave en este lugar, donde las familias tienen que compartir lo poco que tienen.
Pero también hay discriminación y violencia. Las mujeres son vistas como prostitutas y los hombres como ladrones. "Aquí nos discriminan mucho", afirma Yolimar Rojas, una joven exmilitar que huyó de Venezuela con su esposo. "Para la gente, las mujeres somos todas putas que venimos a quitarles los maridos y los hombres todos ladrones".
La situación es grave, especialmente en el Tren de Aragua, un grupo criminal originario de Venezuela que se ha extendido por todo el continente. Los colectivos, controlados por Diosdado Cabello, han sacado músculo en defensa del proceso bolivariano y han amenazado a los civiles.
"Trump debería bombardear a los colectivos", considera Jennifer, una joven que huyó de Venezuela con su prima. "Hasta que no acabe con ellos, no habrá transición". La tensión es palpable en este lugar, donde la inseguridad y la violencia son constantes.
La vida de los refugiados venezolanos en Cúcuta es un ejemplo de cómo la política y la violencia pueden llevar a personas a huir de su país en busca de seguridad y esperanza. Pero aquí, ellos no están seguros. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes.
"Me gustaría regresar", afirma Jennifer, "pero hay que esperar cómo se acomoda todo, quién se queda al mando, qué papel asumen las Fuerzas Armadas". La espera es larga y difícil, especialmente cuando se piensa en la vida que dejaron atrás.
La situación en Cúcuta es un reflejo de la crisis que viviría cualquier venezolano que huya en busca de una vida mejor. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes, y la vida es dura.
"Un poco mejor", dice una vecina, "pero todavía hay mucho trabajo por hacer". La situación en Cúcuta no ha cambiado mucho desde que llegaron los refugiados venezolanos. La discriminación y la violencia siguen siendo un problema grave.
La vida de los refugiados venezolanos en Cúcuta es un ejemplo de cómo la política y la violencia pueden llevar a personas a huir de su país en busca de seguridad y esperanza. Pero aquí, ellos no están seguros. La discriminación, la violencia y la inseguridad son constantes, y la vida es dura.
"Me gustaría regresar", afirma Jennifer, "pero hay que esperar cómo se acomoda todo, quién se queda al mando, qué papel asumen las Fuerzas Armadas". La espera es larga y difícil, especialmente cuando se piensa en la vida que dejaron atrás.