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Las grandes firmas exclusivas han apostado por las atletas femeninas para convertirse en embajadoras naturales de lujo. Naomi Osaka brilló en Wimbledon con diseños de Off-White, mientras que Alexia Putellas se viste con piezas de Balenciaga en actos institucionales. La relojera Omega y Rolex han sentado las bases en los Juegos Olímpicos y Wimbledon durante décadas.
Sin embargo, la relación entre el lujo y el deporte ha mutado. Ahora se trata de una estrategia global que busca conquistar al público sin renunciar a su aura aspiracional. El ejemplo más evidente es LVMH, matriz de Louis Vuitton, que ha entrado con fuerza en territorios deportivos como la Fórmula 1 y el fútbol.
La última alianza del Real Madrid se viste con su equipo masculino y femenino, mientras que Amiri ha hecho lo propio con el FC Barcelona para su equipación de viaje. Este deporte ofrece un impacto planetario a audiencias multigeneracionales; visibilidad global envuelta en un relato de excelencia.
Tradicionalmente, las casas de lujo se han vinculado a disciplinas con valores asociados a la artesanía y la exclusividad como la vela, el golf o el tenis. Sin embargo, ahora también se ha construido un nuevo paisaje, donde las firmas deportivas tradicionales han reformulado su papel.
Adidas y Nike, líderes en la industria de rendimiento, han entendido que el futuro pasa por vestirse de moda para conquistar al público femenino. Desde colaboraciones con diseñadoras emergentes hasta colecciones que borran las fronteras entre el gimnasio y el streetwear, estas firmas han logrado situar la estética deportiva en el radar de la moda premium.
Nike ha reforzado esta estrategia con cápsulas de lujo urbano y alianzas con atletas convertidas en iconos de estilo como Serena Williams o celebrities como Kim Kardashian. Adidas, por su parte, consolida su influencia con colaboraciones de alto impacto como con Balenciaga, que han logrado situar la estética deportiva en el radar de la moda premium gracias a Bella Hadid como una de sus iconas.
El resultado es claro: el lujo ya no baja al deporte, sino que se despliega dentro de él. Y lo hace para conquistar el mayor escenario cultural de nuestro tiempo. El deporte se ha convertido en un gran escaparate del lujo, donde las atletas femeninas brillan con diseños exclusivos y las grandes firmas se esfuerzan por estar presentes en este mundo cada vez más conectado.
Sin embargo, la relación entre el lujo y el deporte ha mutado. Ahora se trata de una estrategia global que busca conquistar al público sin renunciar a su aura aspiracional. El ejemplo más evidente es LVMH, matriz de Louis Vuitton, que ha entrado con fuerza en territorios deportivos como la Fórmula 1 y el fútbol.
La última alianza del Real Madrid se viste con su equipo masculino y femenino, mientras que Amiri ha hecho lo propio con el FC Barcelona para su equipación de viaje. Este deporte ofrece un impacto planetario a audiencias multigeneracionales; visibilidad global envuelta en un relato de excelencia.
Tradicionalmente, las casas de lujo se han vinculado a disciplinas con valores asociados a la artesanía y la exclusividad como la vela, el golf o el tenis. Sin embargo, ahora también se ha construido un nuevo paisaje, donde las firmas deportivas tradicionales han reformulado su papel.
Adidas y Nike, líderes en la industria de rendimiento, han entendido que el futuro pasa por vestirse de moda para conquistar al público femenino. Desde colaboraciones con diseñadoras emergentes hasta colecciones que borran las fronteras entre el gimnasio y el streetwear, estas firmas han logrado situar la estética deportiva en el radar de la moda premium.
Nike ha reforzado esta estrategia con cápsulas de lujo urbano y alianzas con atletas convertidas en iconos de estilo como Serena Williams o celebrities como Kim Kardashian. Adidas, por su parte, consolida su influencia con colaboraciones de alto impacto como con Balenciaga, que han logrado situar la estética deportiva en el radar de la moda premium gracias a Bella Hadid como una de sus iconas.
El resultado es claro: el lujo ya no baja al deporte, sino que se despliega dentro de él. Y lo hace para conquistar el mayor escenario cultural de nuestro tiempo. El deporte se ha convertido en un gran escaparate del lujo, donde las atletas femeninas brillan con diseños exclusivos y las grandes firmas se esfuerzan por estar presentes en este mundo cada vez más conectado.