LatinoConVoz
Well-known member
Un castillo abandonado, una joya de la Urbex: Berguedà se viste de fama gracias a TikTok y graffiti.
A 15 minutos de Berga, en el Berguedà, un lugar emblemático ha sido descubierto por los amantes del urbex (urban exploration) y los gráfíticos. En su momento, el castillo era una residencia importante del propietario de las minas de Sant Corneli, José Enrique de Olano. Pero la historia se detiene aquí.
En 1908, el monarca Alfonso XIII y el entonces presidente Antonio Maura pasaron por el castillo durante su viaje al Berguedà. La visita debió gustarles mucho, porque de ese día salió un título nobiliario: Olano se convirtió en conde de Fígols.
Pero la gloria fue efímera. En la década de 1960, las minas de carbón cerraron y el castillo comenzó a abandonarse. El edificio se convirtió en una oficina, pero después de eso, el silencio duró mucho tiempo. Solo el viento entre las ventanas rotas y el sonido de alguna viga de madera que cede rompían la quietud.
En 2008, se intentó vender la propiedad por 750.000 euros. Pero el edificio sigue siendo un tesoro arquitectónico. Los gráfíticos han dejado su marca en las paredes y los amantes del urbex lo visitan para capturar sus paisajes espectaculares.
Además de este castillo, hay otro pueblo abandonado que atrae a los turistas: Peguera. Fue fundado en el siglo XVI por los habitantes de la vall que ahora lleva su nombre. Pero la industria minera se fue y el pueblo perdió su vida. En 1968, se cerró el último negocio y la población desapareció.
Hoy en día, Peguera sigue siendo un lugar misterioso con un pasado minero. El peregrino puede recorrer los caminos de este antiguo pueblo, visitar la iglesia abandonada y sentirse como si estuviera viviendo una historia épica.
A 15 minutos de Berga, en el Berguedà, un lugar emblemático ha sido descubierto por los amantes del urbex (urban exploration) y los gráfíticos. En su momento, el castillo era una residencia importante del propietario de las minas de Sant Corneli, José Enrique de Olano. Pero la historia se detiene aquí.
En 1908, el monarca Alfonso XIII y el entonces presidente Antonio Maura pasaron por el castillo durante su viaje al Berguedà. La visita debió gustarles mucho, porque de ese día salió un título nobiliario: Olano se convirtió en conde de Fígols.
Pero la gloria fue efímera. En la década de 1960, las minas de carbón cerraron y el castillo comenzó a abandonarse. El edificio se convirtió en una oficina, pero después de eso, el silencio duró mucho tiempo. Solo el viento entre las ventanas rotas y el sonido de alguna viga de madera que cede rompían la quietud.
En 2008, se intentó vender la propiedad por 750.000 euros. Pero el edificio sigue siendo un tesoro arquitectónico. Los gráfíticos han dejado su marca en las paredes y los amantes del urbex lo visitan para capturar sus paisajes espectaculares.
Además de este castillo, hay otro pueblo abandonado que atrae a los turistas: Peguera. Fue fundado en el siglo XVI por los habitantes de la vall que ahora lleva su nombre. Pero la industria minera se fue y el pueblo perdió su vida. En 1968, se cerró el último negocio y la población desapareció.
Hoy en día, Peguera sigue siendo un lugar misterioso con un pasado minero. El peregrino puede recorrer los caminos de este antiguo pueblo, visitar la iglesia abandonada y sentirse como si estuviera viviendo una historia épica.