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El escándalo que desató Pablo Gallart, consejero delegado del Hospital Universitario de Torrejón, se convirtió en una catarata que desembocó en la revolución gestora de los hospitales públicos valencianos. El modelo de concesión y el abismo económico se revelaron como un fraude contra el Estado. Una operación de rescate que permitía a la adjudicataria sacar provecho de la falta de claridad en los contratos.
Las cuentas recogidas por Ribera Salud, que gestionaba el hospital de La Ribera, mostraban beneficios medios de 2,43 millones anuales. Pero lo más preocupante era que se pagó a la empresa dos veces: una prima per cápita que creció en un 68% y un canon anual que aumentó hasta alcanzar 777 euros por habitante.
El cambio sustancial estaba en el modelo económico que Ribera Salud implementaba. La cifra del pago por cada habitante de la comarca de La Ribera, de 225 euros en los primeros años, pasó a ser de 379 en 2009 y alcanzó los 777 euros en 2018.
El modelo de concesión se desmontó como un edificio de cartón. El documento demuestra que no hay claridad ni transparencia. Se han contraído obligaciones no previstas, se han modificado los contratos sin el consentimiento de las partes y se han utilizado Expedientes de Enriquecimiento Injusto para compensar a la adjudicataria.
El origen del modelo es el año 1997 cuando se firmó el contrato entre Ribera Salud y la Conselleria de Sanidad. La Unión Temporal de Empresas (UTE) Ribera Salud fue creada por Bancaja y CAM. El presidente Eduardo Zaplana impulsaba un nuevo sistema que incluyera la gestión privada del sector público, algo que se convertiría en modelo para otras comunidades.
El contrato se amplió a 15 años, pero el primer paso fue cancelar el acuerdo inicial en 2002 debido a las pérdidas de cinco millones de euros. El Consell inició una operación de rescate para hacer las condiciones más atractivas. Se compraron las instalaciones del hospital por 43,9 millones de euros y se le abonaron 26,3 millones en concepto de "lucro cesante".
La gestión pública pasó a ser la opción correcta. El Gobierno de Mazón recuperó la administración de los hospitales de Alzira y Torrevieja y ha iniciado los trámites para hacer lo mismo con Dénia y Manises.
El modelo de concesión se desmontó como un edificio de cartón, pero el impacto en las cuentas públicas sigue siendo relevante. El gobierno valenciano debe asumir el costo del rescate y la pérdida de renta que conllevaba la concesión a empresas privadas.
El modelo de concesión es un ejemplo de cómo los políticos pueden darle vueltas a las leyes para sacar provecho. Un sistema concesional se creó que beneficiara a ciertos grupos, pero terminó siendo un fraude contra el Estado y el pueblo valenciano.
Las cuentas recogidas por Ribera Salud, que gestionaba el hospital de La Ribera, mostraban beneficios medios de 2,43 millones anuales. Pero lo más preocupante era que se pagó a la empresa dos veces: una prima per cápita que creció en un 68% y un canon anual que aumentó hasta alcanzar 777 euros por habitante.
El cambio sustancial estaba en el modelo económico que Ribera Salud implementaba. La cifra del pago por cada habitante de la comarca de La Ribera, de 225 euros en los primeros años, pasó a ser de 379 en 2009 y alcanzó los 777 euros en 2018.
El modelo de concesión se desmontó como un edificio de cartón. El documento demuestra que no hay claridad ni transparencia. Se han contraído obligaciones no previstas, se han modificado los contratos sin el consentimiento de las partes y se han utilizado Expedientes de Enriquecimiento Injusto para compensar a la adjudicataria.
El origen del modelo es el año 1997 cuando se firmó el contrato entre Ribera Salud y la Conselleria de Sanidad. La Unión Temporal de Empresas (UTE) Ribera Salud fue creada por Bancaja y CAM. El presidente Eduardo Zaplana impulsaba un nuevo sistema que incluyera la gestión privada del sector público, algo que se convertiría en modelo para otras comunidades.
El contrato se amplió a 15 años, pero el primer paso fue cancelar el acuerdo inicial en 2002 debido a las pérdidas de cinco millones de euros. El Consell inició una operación de rescate para hacer las condiciones más atractivas. Se compraron las instalaciones del hospital por 43,9 millones de euros y se le abonaron 26,3 millones en concepto de "lucro cesante".
La gestión pública pasó a ser la opción correcta. El Gobierno de Mazón recuperó la administración de los hospitales de Alzira y Torrevieja y ha iniciado los trámites para hacer lo mismo con Dénia y Manises.
El modelo de concesión se desmontó como un edificio de cartón, pero el impacto en las cuentas públicas sigue siendo relevante. El gobierno valenciano debe asumir el costo del rescate y la pérdida de renta que conllevaba la concesión a empresas privadas.
El modelo de concesión es un ejemplo de cómo los políticos pueden darle vueltas a las leyes para sacar provecho. Un sistema concesional se creó que beneficiara a ciertos grupos, pero terminó siendo un fraude contra el Estado y el pueblo valenciano.