ForeroActivo
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La locura del retorno. Una vez más, alguien se atreve a proclamar que Dios ha vuelto. ¿Quién es este loco? ¿Y qué sentido tiene sus palabras?
La verdad es que no hay ninguna prueba, ninguna pista, ninguna evidencia de que Dios haya resucitado. No hay ningún farol encendido en las plazas y los bulevares gritando “¡Dios ha vuelto!”. Solo hay una monja vasca con un teléfono móvil que se ha convertido en la estrella del espectáculo, gracias a una película de Alauda Ruiz de Azúa.
Pero la gente sigue creyendo en el retorno de Dios. La razón es simple: si Dios no existe, entonces todo está permitido. El mundo se derrumba y se queda sin sentido. ¿Qué hay que hacer? Esa es la pregunta que subyace en una parte esencial del arte y el pensamiento contemporáneos.
Sin embargo, la verdad es que algunos sucesores laicos no han funcionado. El marxismo o el psicoanálisis no han ofrecido soluciones totalizantes. La condición posmoderna sigue siendo nuestra condición: un mundo sin grandes relatos, sin narraciones omnicomprensivas, solo nos dispensa pequeñas explicaciones parciales.
La gente continúa preguntándose “¿y ahora qué?”. La respuesta no es el retorno a la religión o al catolicismo en particular. Las iglesias siguen vacías, los seminarios y conventos siguen vacíos. El número de católicos cae en picado desde hace décadas.
La pregunta es ¿qué está ocurriendo? La respuesta es que nada está ocurriendo. No hay ningún pánico. No hay ninguna locura. Solo una realidad desolada y sin sentido, pero también desesperadamente humana.
La verdad es que no hay ninguna prueba, ninguna pista, ninguna evidencia de que Dios haya resucitado. No hay ningún farol encendido en las plazas y los bulevares gritando “¡Dios ha vuelto!”. Solo hay una monja vasca con un teléfono móvil que se ha convertido en la estrella del espectáculo, gracias a una película de Alauda Ruiz de Azúa.
Pero la gente sigue creyendo en el retorno de Dios. La razón es simple: si Dios no existe, entonces todo está permitido. El mundo se derrumba y se queda sin sentido. ¿Qué hay que hacer? Esa es la pregunta que subyace en una parte esencial del arte y el pensamiento contemporáneos.
Sin embargo, la verdad es que algunos sucesores laicos no han funcionado. El marxismo o el psicoanálisis no han ofrecido soluciones totalizantes. La condición posmoderna sigue siendo nuestra condición: un mundo sin grandes relatos, sin narraciones omnicomprensivas, solo nos dispensa pequeñas explicaciones parciales.
La gente continúa preguntándose “¿y ahora qué?”. La respuesta no es el retorno a la religión o al catolicismo en particular. Las iglesias siguen vacías, los seminarios y conventos siguen vacíos. El número de católicos cae en picado desde hace décadas.
La pregunta es ¿qué está ocurriendo? La respuesta es que nada está ocurriendo. No hay ningún pánico. No hay ninguna locura. Solo una realidad desolada y sin sentido, pero también desesperadamente humana.