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En el corazón del Festival de Cannes, Guillermo Galoe presentó su película "Ciudad sin sueño", una obra que desafía la tradición del western y nos transporta a un mundo donde la frontera entre lo conocido y lo desconocido se convierte en un puente hacia lo digno y lo justo.
La historia sigue a Toni, un joven de 15 años que lucha por entender el enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, entre la aspiración a una vida mejor y la nostalgia por la tradición. Su abuelo, un hombre libre que ha visto la decadencia de su estirpe, se convierte en un símbolo de resistencia contra las circunstancias adversas.
Galoe nos invita a viajar con Toni y su familia hacia Cañada Real, ese lugar donde la sociedad se rompe a mitad y el pueblo sufre bajo el peso de la pobreza y la discriminación. Es un lugar donde la ley no existe ni es respetada, donde solo hay un código de conducta que se basa en la supervivencia.
Pero Cañada Real no es más que el punto de partida. La película nos lleva a una frontera, a un límite donde lo que parece serlo no es más que una puerta hacia algo más grande. Galoe nos presenta una visión realista y vibrante del mundo, donde la verdad se encuentra en las vidas vividas de los personajes, no en los relatos que nos cuentan.
"La razón quiere tener siempre plena conciencia de su frontera", nos dice Galoe, pero no es así como lo ve el cineasta. Para él, el límite es un portón de entrada, una puerta hacia la dignidad y la justicia. Es un western realista, vibrante y nuevo que nos permite contarnos a nosotros mismos, que nos permite enfrentar nuestras propias fronteras.
La pantalla se rompe en un caleidoscopio de colores, como lo hace el cine de Raya Martin, y "Ciudad sin sueño" nos abre una ventana al mismo sueño, al sueño de una vida mejor, al sueño de un horizonte por descubrir. Es un ejercicio deslumbrante de cine que nos invita a viajar hacia la frontera, donde lo que parece serlo no es más que una puerta hacia lo digno y lo justo.
La historia sigue a Toni, un joven de 15 años que lucha por entender el enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, entre la aspiración a una vida mejor y la nostalgia por la tradición. Su abuelo, un hombre libre que ha visto la decadencia de su estirpe, se convierte en un símbolo de resistencia contra las circunstancias adversas.
Galoe nos invita a viajar con Toni y su familia hacia Cañada Real, ese lugar donde la sociedad se rompe a mitad y el pueblo sufre bajo el peso de la pobreza y la discriminación. Es un lugar donde la ley no existe ni es respetada, donde solo hay un código de conducta que se basa en la supervivencia.
Pero Cañada Real no es más que el punto de partida. La película nos lleva a una frontera, a un límite donde lo que parece serlo no es más que una puerta hacia algo más grande. Galoe nos presenta una visión realista y vibrante del mundo, donde la verdad se encuentra en las vidas vividas de los personajes, no en los relatos que nos cuentan.
"La razón quiere tener siempre plena conciencia de su frontera", nos dice Galoe, pero no es así como lo ve el cineasta. Para él, el límite es un portón de entrada, una puerta hacia la dignidad y la justicia. Es un western realista, vibrante y nuevo que nos permite contarnos a nosotros mismos, que nos permite enfrentar nuestras propias fronteras.
La pantalla se rompe en un caleidoscopio de colores, como lo hace el cine de Raya Martin, y "Ciudad sin sueño" nos abre una ventana al mismo sueño, al sueño de una vida mejor, al sueño de un horizonte por descubrir. Es un ejercicio deslumbrante de cine que nos invita a viajar hacia la frontera, donde lo que parece serlo no es más que una puerta hacia lo digno y lo justo.