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Asier Etxeandia, el actor bilbaín que ha logrado desafiando todas las expectativas, no se deja intimidar por la fama ni por el éxito. Para él, la verdadera pasión radica en vivir cada momento al máximo y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
"El éxito me interesa, pero a mí no me obsesiona", dice con una sonrisa. "Me gusta vivir en Madrid, no quiero más". La ambición, según él, está sobrevalorada y lo que realmente le motiva es la curiosidad y el deseo de experimentar nuevas cosas.
Su carrera ha sido marcada por momentos de consolidación y volantazos, pero nunca se ha dejado llevar por la fama ni por la admiración. "La odio, es una estupidez", admite sin ambages. Lo que le importa es dejar un impacto con su trabajo y hacer que las personas se conmuevan.
Etxeandia no se disculpa por haber seguido un camino diferente al de sus compañeros actores. "No soy como ellos, pero eso es porque soy yo mismo", afirma con orgullo. Su infancia fue difícil, su relación con los padres complicada y la escuela le parecía un lugar donde no encajaba.
"Me encerraba cada vez más en mí mismo, era la pescadilla que se muerde la cola", recuerda. Pero en el teatro encontró su hogar y su pasión. "Es verdad, me va mucho mejor que a todos los hijos de puta que me pegaron y me jodieron la vida [risas]".
La venganza, según él, es dulce pero no es lo que busca. "Que se conmuevan con lo que hago", dice con una sonrisa. El éxito, si es que llega, es un bonus, pero lo que realmente le importa es vivir cada momento al máximo y disfrutar de la vida.
"Me gusta bajar al bar del barrio y tomarme unas cervezas", admite sin ambages. Ese es su éxito, el de estar vivo y disfrutando de la vida en todos sus aspectos.
"El éxito me interesa, pero a mí no me obsesiona", dice con una sonrisa. "Me gusta vivir en Madrid, no quiero más". La ambición, según él, está sobrevalorada y lo que realmente le motiva es la curiosidad y el deseo de experimentar nuevas cosas.
Su carrera ha sido marcada por momentos de consolidación y volantazos, pero nunca se ha dejado llevar por la fama ni por la admiración. "La odio, es una estupidez", admite sin ambages. Lo que le importa es dejar un impacto con su trabajo y hacer que las personas se conmuevan.
Etxeandia no se disculpa por haber seguido un camino diferente al de sus compañeros actores. "No soy como ellos, pero eso es porque soy yo mismo", afirma con orgullo. Su infancia fue difícil, su relación con los padres complicada y la escuela le parecía un lugar donde no encajaba.
"Me encerraba cada vez más en mí mismo, era la pescadilla que se muerde la cola", recuerda. Pero en el teatro encontró su hogar y su pasión. "Es verdad, me va mucho mejor que a todos los hijos de puta que me pegaron y me jodieron la vida [risas]".
La venganza, según él, es dulce pero no es lo que busca. "Que se conmuevan con lo que hago", dice con una sonrisa. El éxito, si es que llega, es un bonus, pero lo que realmente le importa es vivir cada momento al máximo y disfrutar de la vida.
"Me gusta bajar al bar del barrio y tomarme unas cervezas", admite sin ambages. Ese es su éxito, el de estar vivo y disfrutando de la vida en todos sus aspectos.