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La lucha por la movilidad en Cataluña se plantea de manera aguda desde el gobierno de Cornellà de Llobregat. El alcalde Antonio Balmón pone en el centro de su discurso la necesidad de priorizar los autobuses interurbanos sobre las líneas ferroviarias, argumentando que este es el camino para abordar la demanda social actual y evitar problemas de sostenibilidad ambiental.
La movilidad ferroviaria, aunque se está mejorando con la modernización de Rodalies, no puede satisfacer a la población en el corto plazo. Por otro lado, los autobuses interurbanos permitirían soluciones rápidas para paliar el colapso de la movilidad y podrían ser una solución sostenible. La pregunta de si estas medidas pueden generar emisiones y congestión es válida, pero Balmón sostiene que hay que ponderar la sostenibilidad social frente a la ambiental.
La gestión de la deuda del TMB no es un obstáculo, pero las bonificaciones para el transporte público pueden limitar su capacidad de inversión. Además, la integración de bicicletas públicas con los autobuses y trenes es crucial y se espera que en el próximo mandato se produzca una solución única.
El miedo a la inseguridad genera incertidumbre, pero hay que combatir las narrativas hiperalimentadas que distorsionan la percepción de seguridad. Balmón sostiene que se debe abordar este tema con firmeza y respeto hacia todas las personas, sin importar su origen o color de piel.
La solución no radica en combatir una fuerza política específica, sino en cuestionar por qué los ciudadanos se sienten atraídos por esas fuerzas de extrema derecha. La responsabilidad es de quienes ejercen el poder público y deben dejar claro que no se les va a "poner fácil" a esos individuos.
En resumen, la movilidad en Cataluña se vuelve cada vez más aguda y la priorización de los autobuses interurbanos sobre las líneas ferroviarias es una propuesta valiente para abordar el desafío.
La movilidad ferroviaria, aunque se está mejorando con la modernización de Rodalies, no puede satisfacer a la población en el corto plazo. Por otro lado, los autobuses interurbanos permitirían soluciones rápidas para paliar el colapso de la movilidad y podrían ser una solución sostenible. La pregunta de si estas medidas pueden generar emisiones y congestión es válida, pero Balmón sostiene que hay que ponderar la sostenibilidad social frente a la ambiental.
La gestión de la deuda del TMB no es un obstáculo, pero las bonificaciones para el transporte público pueden limitar su capacidad de inversión. Además, la integración de bicicletas públicas con los autobuses y trenes es crucial y se espera que en el próximo mandato se produzca una solución única.
El miedo a la inseguridad genera incertidumbre, pero hay que combatir las narrativas hiperalimentadas que distorsionan la percepción de seguridad. Balmón sostiene que se debe abordar este tema con firmeza y respeto hacia todas las personas, sin importar su origen o color de piel.
La solución no radica en combatir una fuerza política específica, sino en cuestionar por qué los ciudadanos se sienten atraídos por esas fuerzas de extrema derecha. La responsabilidad es de quienes ejercen el poder público y deben dejar claro que no se les va a "poner fácil" a esos individuos.
En resumen, la movilidad en Cataluña se vuelve cada vez más aguda y la priorización de los autobuses interurbanos sobre las líneas ferroviarias es una propuesta valiente para abordar el desafío.