CharlaDelContinente
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"Las nuevas empresas tecnológicas evitan la bolsa"
En una época en la que la innovación tecnológica está en constante evolución, las empresas de startups están redefiniendo el modelo tradicional de crecimiento y financiación. En lugar de optar por la salida a bolsa como paso crucial para su expansión, estas nuevas potencias están prefiriendo seguir operando en circuitos privados.
Entre las que se encuentran incluidas OpenAI, ByteDance, SpaceX y Stripe, empresas que dominan sectores como inteligencia artificial, video corto, lanzamientos espaciales privados y procesamiento de pagos. Las valoradas en decenas de miles de millones, estas compañías han logrado una posición sólida sin cotizar en ningún mercado regulado.
El truco para el crecimiento no es la salida a bolsa sino la búsqueda de fondos privados y acuerdos estratégicos que les permiten mantener su autonomía. El resultado es un cambio radical en el lugar que ocupan las empresas tecnológicas en el mercado, donde la mayoría ya están valoradas sin exponerse a los riesgos de una operación pública.
La tendencia no solo afecta a las empresas sino también al mercado bursátil. En sectores como la tecnología, algunas de las principales compañías del momento están financiando su crecimiento sin recurrir al mercado público de acciones. La bolsa se ha quedado con menos relevancia en términos de acceso a la inversión.
El volumen de salidas a bolsa en el sector digital ha caído un 70% desde 2021, según datos de PitchBook. El interés por cotizar no ha desaparecido, pero ya no es prioritario para las empresas que pueden permitirse seguir creciendo sin exponerse.
Los motivos van más allá de la coyuntura: hay liquidez privada, fondos dispuestos a entrar sin exigir rentabilidad inmediata y una nueva generación de empresas que prefieren operar con autonomía antes que abrirse al público.
Operar como empresa privada les permite evitar la presión trimestral de resultados, proteger su hoja de ruta de innovación, mantener el control en manos del equipo fundador y esquivar la volatilidad del mercado. Todas estas ventajas son grandes frente a sus competidores que sí cotizan.
La tendencia también tiene consecuencias en términos de acceso a la inversión. Durante décadas, las bolsas ofrecieron a los inversores minoristas la posibilidad de participar en fases intermedias o finales del desarrollo de empresas tecnológicas. Ahora, muchas de esas etapas de expansión tienen lugar fuera del mercado abierto.
La posibilidad de entrar en fases tempranas ya no está sobre la mesa. Cuando esas empresas se estrenaron en bolsa, aún quedaba recorrido. Hoy, si alguna de las nuevas tecnológicas decide dar ese paso, gran parte del valor ya estará reflejado en la etiqueta.
Y lo que es más relevante, buena parte del crecimiento ya habrá sido absorbido por quienes accedieron antes. Esa es una de las grandes diferencias de este nuevo ciclo: no se trata solo de que haya menos OPVs o salidas a bolsa. Se trata de que las que llegan lo hacen tarde.
La industria de capital privado gana peso y desplaza, en parte, el papel que tradicionalmente ocupaba la bolsa como vía principal para canalizar la inversión hacia la innovación.
En una época en la que la innovación tecnológica está en constante evolución, las empresas de startups están redefiniendo el modelo tradicional de crecimiento y financiación. En lugar de optar por la salida a bolsa como paso crucial para su expansión, estas nuevas potencias están prefiriendo seguir operando en circuitos privados.
Entre las que se encuentran incluidas OpenAI, ByteDance, SpaceX y Stripe, empresas que dominan sectores como inteligencia artificial, video corto, lanzamientos espaciales privados y procesamiento de pagos. Las valoradas en decenas de miles de millones, estas compañías han logrado una posición sólida sin cotizar en ningún mercado regulado.
El truco para el crecimiento no es la salida a bolsa sino la búsqueda de fondos privados y acuerdos estratégicos que les permiten mantener su autonomía. El resultado es un cambio radical en el lugar que ocupan las empresas tecnológicas en el mercado, donde la mayoría ya están valoradas sin exponerse a los riesgos de una operación pública.
La tendencia no solo afecta a las empresas sino también al mercado bursátil. En sectores como la tecnología, algunas de las principales compañías del momento están financiando su crecimiento sin recurrir al mercado público de acciones. La bolsa se ha quedado con menos relevancia en términos de acceso a la inversión.
El volumen de salidas a bolsa en el sector digital ha caído un 70% desde 2021, según datos de PitchBook. El interés por cotizar no ha desaparecido, pero ya no es prioritario para las empresas que pueden permitirse seguir creciendo sin exponerse.
Los motivos van más allá de la coyuntura: hay liquidez privada, fondos dispuestos a entrar sin exigir rentabilidad inmediata y una nueva generación de empresas que prefieren operar con autonomía antes que abrirse al público.
Operar como empresa privada les permite evitar la presión trimestral de resultados, proteger su hoja de ruta de innovación, mantener el control en manos del equipo fundador y esquivar la volatilidad del mercado. Todas estas ventajas son grandes frente a sus competidores que sí cotizan.
La tendencia también tiene consecuencias en términos de acceso a la inversión. Durante décadas, las bolsas ofrecieron a los inversores minoristas la posibilidad de participar en fases intermedias o finales del desarrollo de empresas tecnológicas. Ahora, muchas de esas etapas de expansión tienen lugar fuera del mercado abierto.
La posibilidad de entrar en fases tempranas ya no está sobre la mesa. Cuando esas empresas se estrenaron en bolsa, aún quedaba recorrido. Hoy, si alguna de las nuevas tecnológicas decide dar ese paso, gran parte del valor ya estará reflejado en la etiqueta.
Y lo que es más relevante, buena parte del crecimiento ya habrá sido absorbido por quienes accedieron antes. Esa es una de las grandes diferencias de este nuevo ciclo: no se trata solo de que haya menos OPVs o salidas a bolsa. Se trata de que las que llegan lo hacen tarde.
La industria de capital privado gana peso y desplaza, en parte, el papel que tradicionalmente ocupaba la bolsa como vía principal para canalizar la inversión hacia la innovación.