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El mundo académico se encuentra atrapado en una crisis de inmigración. En medio de las barreras y restricciones impuestas por algunas universidades, hay un cambio radical en la tendencia. La llegada de estudiantes extranjeros es cada vez más atractiva para aquellos que buscan aumentar su peso académico y promocionar sus instituciones.
Según Santiago Íñiguez, presidente de IE University, este fenómeno no ha pasado desapercibido. "En alumnos internacionales de grado, hemos pasado del 86% al 90%. No hay ninguna universidad con un porcentaje tan alto, exceptuando el caso de Mónaco". El IE ha logrado cerrar acuerdos con universidades en otros países, como Estados Unidos, que permiten a sus estudiantes trabajar legalmente.
La tendencia se repite en otras partes del mundo. En Australia, donde la inmigración de estudiantes es cada vez más importante, los gobiernos están luchando por encontrar un equilibrio entre controlar el flujo y no excluir a nadie. Las universidades que no cumplen con ciertos estándares se ven castigadas.
En Europa, las políticas antiinmigratorias han generado un efecto domino. Las instituciones académicas están buscando formas de adaptarse a la nueva realidad. La universidad española, por ejemplo, ha duplicado el número de estudiantes internacionales en los últimos ocho años.
La inmigración no solo es una oportunidad para las universidades, sino también un desafío. Los estudiantes que buscan aprender en el extranjero deben enfrentar barreras como la falta de visados o restricciones laborales. Sin embargo, esta crisis puede generar cambios positivos.
Zheng Xinye, vicepresidente de la Renmin University de Pekín, destaca la importancia de mantener las interacciones entre China y Estados Unidos a pesar de las tensiones políticas. "Estados Unidos y China desde una perspectiva empresarial nos necesitamos mutuamente. No podemos destruirnos unos a los otros; tenemos que coexistir".
La tendencia hacia la inmigración es clara: las universidades están buscando formas de potenciar su internacionalización, incluso en un entorno donde las políticas antiinmigratorias pueden ser duras. La crisis puede generar cambios positivos si se logra encontrar un equilibrio entre controlar el flujo y promover la movilidad académica.
Según Santiago Íñiguez, presidente de IE University, este fenómeno no ha pasado desapercibido. "En alumnos internacionales de grado, hemos pasado del 86% al 90%. No hay ninguna universidad con un porcentaje tan alto, exceptuando el caso de Mónaco". El IE ha logrado cerrar acuerdos con universidades en otros países, como Estados Unidos, que permiten a sus estudiantes trabajar legalmente.
La tendencia se repite en otras partes del mundo. En Australia, donde la inmigración de estudiantes es cada vez más importante, los gobiernos están luchando por encontrar un equilibrio entre controlar el flujo y no excluir a nadie. Las universidades que no cumplen con ciertos estándares se ven castigadas.
En Europa, las políticas antiinmigratorias han generado un efecto domino. Las instituciones académicas están buscando formas de adaptarse a la nueva realidad. La universidad española, por ejemplo, ha duplicado el número de estudiantes internacionales en los últimos ocho años.
La inmigración no solo es una oportunidad para las universidades, sino también un desafío. Los estudiantes que buscan aprender en el extranjero deben enfrentar barreras como la falta de visados o restricciones laborales. Sin embargo, esta crisis puede generar cambios positivos.
Zheng Xinye, vicepresidente de la Renmin University de Pekín, destaca la importancia de mantener las interacciones entre China y Estados Unidos a pesar de las tensiones políticas. "Estados Unidos y China desde una perspectiva empresarial nos necesitamos mutuamente. No podemos destruirnos unos a los otros; tenemos que coexistir".
La tendencia hacia la inmigración es clara: las universidades están buscando formas de potenciar su internacionalización, incluso en un entorno donde las políticas antiinmigratorias pueden ser duras. La crisis puede generar cambios positivos si se logra encontrar un equilibrio entre controlar el flujo y promover la movilidad académica.