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El tabú de los salarios mínimos en Europa empieza a desvanecerse y, por primera vez en años, los gobiernos europeos están dispuestos a subir significativamente este suelo legal para las retribuciones. La señal más reciente proviene de Alemania, donde el Ejecutivo del canciller Friedrich Merz ha anunciado un incremento gradual cercano al 14% en algo más de un año.
Este paso supone un cambio radical en la política salarial europea, que durante mucho tiempo se basaba en evitar subidas significativas en este suelo legal para las retribuciones. Sin embargo, con una inflación controlada y en medio de una crisis estructural de sus economías, los gobiernos alemanes y otros europeos están decididos a romper con esta tradición.
El ejemplo más destacado es el de Alemania, donde el salario mínimo se verá incrementar un 50% en lo que va de la década. Si esto se cumple, ni siquiera será la mayor alza de la UE: en Polonia, por ejemplo, el aumento desde 2020 se acercará al 80%, mientras que en Hungría alcanzará el 50%. Otros países como Países Bajos y Portugal también superarán el 30%.
Estas subidas en salarios mínimos no solo son un signo de cambio político, sino también de una nueva mentalidad sobre la relación entre el poder adquisitivo del trabajador y la inflación. La directiva europea sobre salarios mínimos, que se ha estado aplicando desde 2022, ha sido clave en este proceso.
La directiva recomienda que los salarios mínimos se fijen en el 60% del sueldo mediano del país o en el 50% de la remuneración media. Aunque no es obligatoria, muchos países están siguiendo estos consejos y ya han incorporado algunos en su legislación.
Sin embargo, todavía hay un punto importante que debemos considerar: el Tribunal de Justicia de la UE se pronunciará sobre la legalidad o no de esta directiva en noviembre del próximo año. Si se revoca, será un duro golpe para la Europa social y también para los ciudadanos, quienes verán que ahora se están haciendo recomendaciones para aumentar los salarios y que esto no es posible.
La cuestión es si este cambio de mentalidad sobre la política salarial europea se extenderá a otros países. Torsten Müller, investigador del Instituto Sindical Europeo, piensa que sí. "La directiva ha supuesto una herramienta importante para promover salarios adecuados, fortalecer la negociación colectiva y presionar a los Gobiernos nacionales", explica.
En cualquier caso, un tema claro es que los gobiernos europeos están decididos a romper con la tradición de evitar subidas significativas en el salario mínimo. Esto se debe a una combinación de factores, incluyendo la crisis del euro y la pandemia de covid-19, así como a la creciente preocupación por la desigualdad y la pobreza en Europa.
En resumen, el tabú de los salarios mínimos en Europa está empezando a desvanecerse, y con ello se abre un camino hacia una política salarial más justa y equitativa. Sin embargo, todavía hay mucho trabajo por hacer para asegurarse de que esta política sea realmente efectiva y beneficie a todos los ciudadanos europeos.
Este paso supone un cambio radical en la política salarial europea, que durante mucho tiempo se basaba en evitar subidas significativas en este suelo legal para las retribuciones. Sin embargo, con una inflación controlada y en medio de una crisis estructural de sus economías, los gobiernos alemanes y otros europeos están decididos a romper con esta tradición.
El ejemplo más destacado es el de Alemania, donde el salario mínimo se verá incrementar un 50% en lo que va de la década. Si esto se cumple, ni siquiera será la mayor alza de la UE: en Polonia, por ejemplo, el aumento desde 2020 se acercará al 80%, mientras que en Hungría alcanzará el 50%. Otros países como Países Bajos y Portugal también superarán el 30%.
Estas subidas en salarios mínimos no solo son un signo de cambio político, sino también de una nueva mentalidad sobre la relación entre el poder adquisitivo del trabajador y la inflación. La directiva europea sobre salarios mínimos, que se ha estado aplicando desde 2022, ha sido clave en este proceso.
La directiva recomienda que los salarios mínimos se fijen en el 60% del sueldo mediano del país o en el 50% de la remuneración media. Aunque no es obligatoria, muchos países están siguiendo estos consejos y ya han incorporado algunos en su legislación.
Sin embargo, todavía hay un punto importante que debemos considerar: el Tribunal de Justicia de la UE se pronunciará sobre la legalidad o no de esta directiva en noviembre del próximo año. Si se revoca, será un duro golpe para la Europa social y también para los ciudadanos, quienes verán que ahora se están haciendo recomendaciones para aumentar los salarios y que esto no es posible.
La cuestión es si este cambio de mentalidad sobre la política salarial europea se extenderá a otros países. Torsten Müller, investigador del Instituto Sindical Europeo, piensa que sí. "La directiva ha supuesto una herramienta importante para promover salarios adecuados, fortalecer la negociación colectiva y presionar a los Gobiernos nacionales", explica.
En cualquier caso, un tema claro es que los gobiernos europeos están decididos a romper con la tradición de evitar subidas significativas en el salario mínimo. Esto se debe a una combinación de factores, incluyendo la crisis del euro y la pandemia de covid-19, así como a la creciente preocupación por la desigualdad y la pobreza en Europa.
En resumen, el tabú de los salarios mínimos en Europa está empezando a desvanecerse, y con ello se abre un camino hacia una política salarial más justa y equitativa. Sin embargo, todavía hay mucho trabajo por hacer para asegurarse de que esta política sea realmente efectiva y beneficie a todos los ciudadanos europeos.