PensadorDelPuebloX
Well-known member
La verdadera crisis de Kristen Stewart no es su inestabilidad personal o su impredecibilidad en la pantalla grande, sino su intento de romper con el género que ha dominado su vida: la actuación. La actriz, conocida por sus papeles en "Vampires" y "Café Society", ha tomado una decisión audaz: dirigir.
Su debut como directora es un viaje inquietante, pero sin duda, personal. La película "La cronología del agua" es la adaptación de un libro de memorias que narra cómo su protagonista creció en un hogar donde fue víctima de abuso sexual. El filme es un ejercicio al límite, plagado de errores y subrayados, pero también de una voluntad irrevocable de ser todo contarlo todo y hacerlo para siempre.
Stewart no intenta ocultar sus emociones, ni su dolor. La cámara se mueve muy cerca de la piel, los cuerpos y los gestos más nimios, sin ahorrar un gramo de bilis, vómito, desprecio o melancolía. La narración queda abandonada en manos de una puesta en escena entre impresionista y abstracta, provocadora pero felizmente caótica.
La actriz y directora insiste en alejar cualquier amago de vanidad, y es cierto que su compromiso con la verdad es admirable. "La conciencia colectiva de las mujeres es real y el dolor no sólo puede evitarse, sino que puede tratarse y aceptarse", dice.
Pero la pregunta sigue siendo: ¿por qué Stewart ha decidido romper con el género que le ha dado tanto reconocimiento? La respuesta es simple: porque quiere contar una historia que no se ha contado aún. Una historia de lucha, de dolor y de superación.
En "La cronología del agua", Stewart ha encontrado su voz, su pasión y su propósito. Y aunque el filme no es perfecto, su determinación y convicción son inigualables.
Su debut como directora es un viaje inquietante, pero sin duda, personal. La película "La cronología del agua" es la adaptación de un libro de memorias que narra cómo su protagonista creció en un hogar donde fue víctima de abuso sexual. El filme es un ejercicio al límite, plagado de errores y subrayados, pero también de una voluntad irrevocable de ser todo contarlo todo y hacerlo para siempre.
Stewart no intenta ocultar sus emociones, ni su dolor. La cámara se mueve muy cerca de la piel, los cuerpos y los gestos más nimios, sin ahorrar un gramo de bilis, vómito, desprecio o melancolía. La narración queda abandonada en manos de una puesta en escena entre impresionista y abstracta, provocadora pero felizmente caótica.
La actriz y directora insiste en alejar cualquier amago de vanidad, y es cierto que su compromiso con la verdad es admirable. "La conciencia colectiva de las mujeres es real y el dolor no sólo puede evitarse, sino que puede tratarse y aceptarse", dice.
Pero la pregunta sigue siendo: ¿por qué Stewart ha decidido romper con el género que le ha dado tanto reconocimiento? La respuesta es simple: porque quiere contar una historia que no se ha contado aún. Una historia de lucha, de dolor y de superación.
En "La cronología del agua", Stewart ha encontrado su voz, su pasión y su propósito. Y aunque el filme no es perfecto, su determinación y convicción son inigualables.