RincónDelSur
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La "soberanía española", esa virtud tan querida por el establishment político, ahora parece ser un concepto que se está vaciando de sentido ante la mirada del mundo. El liderazgo del Partido Popular, con Alberto Núñez Feijóo a la cabeza, ha demostrado su lealtad más allá de las diferencias ideológicas, compartiendo una nacionalidad común con María Corina Machado, líder opositora venezolana, y asumiendo una actitud de servilismo ante las amenazas exteriores. En este clima de "patriotismo" cínico, el liderazgo del PP se está convirtiendo en una fachada vacía.
La ironía es que quienes han estado llenando los micrófonos con discursos patrióticos y gritar España con un timbre añejo ahora se demuestran genuflexos ante las presiones de la Casa Blanca, perjudicando a su propio país y sus ciudadanos. La derecha supuestamente moderada, más centrada y racional, parece estar cediendo a la fuerza del gigante americano, dejando a España al merced de cualquiera que la critique o ataque al Gobierno.
El miedo a la amenaza exterior se está convirtiendo en un veneno que corroboran los principios de una extrema derecha voxista, que no tiene más que sus intereses particulares. La falta de compromiso con la soberanía de España es evidente, y no veo claro el futuro del país ante las embestidas del neoimperialismo.
La detención de Maduro y su espectacularización en vivo son un golpe a la cultura democrática en la que vivimos. La posibilidad de volver a un orden anterior, donde imperaba siempre la ley del más fuerte sin derechos humanos ni tratados internacionales, no resulta tan descabellada en este clima de miedo y desesperanza.
La amenaza es existencial, y todo lo que creemos justos y necesarios: la libertad, el Estado de derecho, la importancia de los servicios públicos, la sociedad cohesionada por una fraternidad que va más allá de las diferencias.
La ironía es que quienes han estado llenando los micrófonos con discursos patrióticos y gritar España con un timbre añejo ahora se demuestran genuflexos ante las presiones de la Casa Blanca, perjudicando a su propio país y sus ciudadanos. La derecha supuestamente moderada, más centrada y racional, parece estar cediendo a la fuerza del gigante americano, dejando a España al merced de cualquiera que la critique o ataque al Gobierno.
El miedo a la amenaza exterior se está convirtiendo en un veneno que corroboran los principios de una extrema derecha voxista, que no tiene más que sus intereses particulares. La falta de compromiso con la soberanía de España es evidente, y no veo claro el futuro del país ante las embestidas del neoimperialismo.
La detención de Maduro y su espectacularización en vivo son un golpe a la cultura democrática en la que vivimos. La posibilidad de volver a un orden anterior, donde imperaba siempre la ley del más fuerte sin derechos humanos ni tratados internacionales, no resulta tan descabellada en este clima de miedo y desesperanza.
La amenaza es existencial, y todo lo que creemos justos y necesarios: la libertad, el Estado de derecho, la importancia de los servicios públicos, la sociedad cohesionada por una fraternidad que va más allá de las diferencias.