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La moda por la delgadez: un mito que sigue vivo, alimentado por la leyenda urbana. Durante décadas, se ha difundido la idea de que los huevos de tenia podían ser una solución dietética para perder peso y bajar de tonelada. Pero ¿es cierto?
La historia comienza en el siglo XIX, cuando las mujeres de la época victoriana buscaban cualquier método para alcanzar el canon de belleza femenino: cuerpos extremadamente delgados, apariencia frágil y un estatus social ascensional. En ese momento se propagó una dieta de "la tenia", que consistía en ingerir huevos de esta parasita, con la intención de perder peso y evitar el sobrepeso.
Sin embargo, hoy en día se afirma que este método no es eficaz, sino muy peligroso. La nutricionista clínica Mariela Martínez explica que "la posible pérdida de peso que algunas personas experimentaban no era un efecto terapéutico, sino la consecuencia de efectos secundarios adversos: disminución del apetito, malestar digestivo persistente, diarreas, inflamación intestinal y una malabsorción de nutrientes esenciales".
Además, las infecciones por tenia pueden ser graves y causar síntomas como diarrea intermitente, gases, dolor abdominal, náuseas y pérdida de peso involuntaria. En casos más graves, especialmente asociados a la Tenia solium, ingerir huevos "puede provocar cisticercosis, una enfermedad grave en la que las larvas migran fuera del intestino y se alojan en tejidos como músculos, ojos o cerebro".
El peligro de este mito no se limita a la salud física. La especialista también destaca "una desconexión profunda del cuerpo", donde las personas priorizan los resultados visibles por encima de cómo una persona se siente, duerme, digiere o responde a sus propias señales de hambre y saciedad en el día a día.
En el mundo actual, la moda por la delgadez sigue vivo, pero con formas distintas. La nutricionista Martínez advierte que "en consulta sigo viendo mucha autoexigencia y una necesidad constante de <i>arreglar</i> el cuerpo rápido, como si el bienestar tuviera que llegar con urgencia".
La crisis del peso, en realidad, es un reflejo de nuestra obsesión por la delgadez, y no una solución para alcanzarla. Es hora de replantearnos qué significa ser saludable y feliz, y dejar atrás los mitos que nos han llevado a la locura.
La historia comienza en el siglo XIX, cuando las mujeres de la época victoriana buscaban cualquier método para alcanzar el canon de belleza femenino: cuerpos extremadamente delgados, apariencia frágil y un estatus social ascensional. En ese momento se propagó una dieta de "la tenia", que consistía en ingerir huevos de esta parasita, con la intención de perder peso y evitar el sobrepeso.
Sin embargo, hoy en día se afirma que este método no es eficaz, sino muy peligroso. La nutricionista clínica Mariela Martínez explica que "la posible pérdida de peso que algunas personas experimentaban no era un efecto terapéutico, sino la consecuencia de efectos secundarios adversos: disminución del apetito, malestar digestivo persistente, diarreas, inflamación intestinal y una malabsorción de nutrientes esenciales".
Además, las infecciones por tenia pueden ser graves y causar síntomas como diarrea intermitente, gases, dolor abdominal, náuseas y pérdida de peso involuntaria. En casos más graves, especialmente asociados a la Tenia solium, ingerir huevos "puede provocar cisticercosis, una enfermedad grave en la que las larvas migran fuera del intestino y se alojan en tejidos como músculos, ojos o cerebro".
El peligro de este mito no se limita a la salud física. La especialista también destaca "una desconexión profunda del cuerpo", donde las personas priorizan los resultados visibles por encima de cómo una persona se siente, duerme, digiere o responde a sus propias señales de hambre y saciedad en el día a día.
En el mundo actual, la moda por la delgadez sigue vivo, pero con formas distintas. La nutricionista Martínez advierte que "en consulta sigo viendo mucha autoexigencia y una necesidad constante de <i>arreglar</i> el cuerpo rápido, como si el bienestar tuviera que llegar con urgencia".
La crisis del peso, en realidad, es un reflejo de nuestra obsesión por la delgadez, y no una solución para alcanzarla. Es hora de replantearnos qué significa ser saludable y feliz, y dejar atrás los mitos que nos han llevado a la locura.