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Trump convoca a Repsol y otras petroleras en la Casa Blanca para reconstruir la industria del crudo venezolana. La reunión se llevará a cabo este viernes, pocos días después de la detención del presidente Nicolás Maduro.
La administración Trump ha expresado su deseo de controlar la industria petrolera venezolana "indefinidamente". El objetivo es que Venezuela comience a bombear crudo de forma más eficiente para rebajar el precio del petróleo. Para ello, Estados Unidos considera la adquisición y comercialización de la mayor parte de la producción venezolana.
Las grandes petroleras estadounidenses, como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips, han expresado reticencias para invertir en Venezuela sin garantías de seguridad jurídica y estabilidad política. Ambas compañías tienen litigios pendientes con el gobierno venezolano por las expropiaciones del principio de los 2000.
La situación de Repsol es particular. La empresa mantiene una limitada presencia en Venezuela y tendrá que negociar ahora con Estados Unidos. El pasado marzo, Trump decretó el embargo de activos a las operadoras que trabajan en Venezuela, lo que impidió al grupo español el cobro en especie del gas que producían.
La reunión forma parte de la estrategia de Trump para controlar la industria petrolera venezolana. El objetivo es que los ejecutivos de las compañías petroleras se sumen con el capital de sus empresas a la reconstrucción de la maltrecha infraestructura energética de Venezuela y a la reactivación de la producción de crudo del país.
La reparación de la infraestructura podría costar 10.000 millones de dólares al año durante la próxima década, según Bloomberg. El entorno empresarial en el país sumido en la corrupción y con malas prácticas hará que sea un desafío para las petroleras.
Las empresas exigirán garantías sólidas por parte de Washington como condición para acometer las milmillonarias inversiones que Trump desea. La situación es compleja y reticulosa, pero la reunión en la Casa Blanca puede ser el primer paso hacia una posible solución.
La administración Trump ha expresado su deseo de controlar la industria petrolera venezolana "indefinidamente". El objetivo es que Venezuela comience a bombear crudo de forma más eficiente para rebajar el precio del petróleo. Para ello, Estados Unidos considera la adquisición y comercialización de la mayor parte de la producción venezolana.
Las grandes petroleras estadounidenses, como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips, han expresado reticencias para invertir en Venezuela sin garantías de seguridad jurídica y estabilidad política. Ambas compañías tienen litigios pendientes con el gobierno venezolano por las expropiaciones del principio de los 2000.
La situación de Repsol es particular. La empresa mantiene una limitada presencia en Venezuela y tendrá que negociar ahora con Estados Unidos. El pasado marzo, Trump decretó el embargo de activos a las operadoras que trabajan en Venezuela, lo que impidió al grupo español el cobro en especie del gas que producían.
La reunión forma parte de la estrategia de Trump para controlar la industria petrolera venezolana. El objetivo es que los ejecutivos de las compañías petroleras se sumen con el capital de sus empresas a la reconstrucción de la maltrecha infraestructura energética de Venezuela y a la reactivación de la producción de crudo del país.
La reparación de la infraestructura podría costar 10.000 millones de dólares al año durante la próxima década, según Bloomberg. El entorno empresarial en el país sumido en la corrupción y con malas prácticas hará que sea un desafío para las petroleras.
Las empresas exigirán garantías sólidas por parte de Washington como condición para acometer las milmillonarias inversiones que Trump desea. La situación es compleja y reticulosa, pero la reunión en la Casa Blanca puede ser el primer paso hacia una posible solución.