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La noche de magia del Teatro Real se desató en una explosión de pasión y violencia, pero también en una crítica a la masculinidad machista. La nueva puesta en escena de "Carmen", dirigida por el italiano Damiano Michieletto, llega al Teatro Real con un espíritu renovado que busca redefinir la figura de la protagonista.
Aigul Akhmetshina, la mezzosoprano rusa, se convierte en Carmen la más vibrante y compleja de siempre. Su voz es una joya ideales, rica y expresiva que llena los espacios con su belleza y caudal. Sin duda, el actor que puede rivalizar con ella en la pasión y la seducción es el tenor Charles Castronovo. El recién llegado español también da buenos presentes como José, aunque su interpretación se queda corta, especialmente en los momentos líricos más delicados.
El barítono Lucas Meachem, que se toma el papel de Escamillo, muestra una actitud distante y poco convincente. En cambio, la soprano Adriana González, que interpreta a Micaëla, es la estrella del espectáculo, con un bello canto expresivo y emotivo que lleva la pasión al extremo.
Michieletto, quien también dirigirá "Madama Butterfly" en el Teatro Real este año, ha optado por una lectura feminista de la ópera. La protagonista es Carmen, pero no la Carmen exótica, seductora y sin escrúpulos que se conoce. Esta versión de la mezzo ofrece una visión más veraz e integrada, con un vestuario diseñado por Carla Teti que le da una apariencia más humilde a la protagonista.
La dirección musical de Eun Sun Kim también ha recibido críticas en otros lugares, aunque el director coreano no se puede perder. El Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real han hecho un excelente trabajo por sus respectivos papeles, así como los Pequeños Cantores de la ORCAM.
En general, este "Carmen" ha sido un éxito comercial y ha atraído a multitudes aplaudidoras. Es una producción que logra transmitir emoción y seducción sin recurrir a la violencia machista ni a los clichés exóticos de la original.
Sin embargo, para el gusto del público general y el crítico, la dirección de actores ha sido la parte más cuestionada. La relación entre las dos protagonistas se siente artificial, y la evolución dramática es inexistente en sus personajes principales.
En cuanto a la estética, se puede apreciar una buena intención por parte del director, pero no todos los detalles han funcionado como planeado.
Aigul Akhmetshina, la mezzosoprano rusa, se convierte en Carmen la más vibrante y compleja de siempre. Su voz es una joya ideales, rica y expresiva que llena los espacios con su belleza y caudal. Sin duda, el actor que puede rivalizar con ella en la pasión y la seducción es el tenor Charles Castronovo. El recién llegado español también da buenos presentes como José, aunque su interpretación se queda corta, especialmente en los momentos líricos más delicados.
El barítono Lucas Meachem, que se toma el papel de Escamillo, muestra una actitud distante y poco convincente. En cambio, la soprano Adriana González, que interpreta a Micaëla, es la estrella del espectáculo, con un bello canto expresivo y emotivo que lleva la pasión al extremo.
Michieletto, quien también dirigirá "Madama Butterfly" en el Teatro Real este año, ha optado por una lectura feminista de la ópera. La protagonista es Carmen, pero no la Carmen exótica, seductora y sin escrúpulos que se conoce. Esta versión de la mezzo ofrece una visión más veraz e integrada, con un vestuario diseñado por Carla Teti que le da una apariencia más humilde a la protagonista.
La dirección musical de Eun Sun Kim también ha recibido críticas en otros lugares, aunque el director coreano no se puede perder. El Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real han hecho un excelente trabajo por sus respectivos papeles, así como los Pequeños Cantores de la ORCAM.
En general, este "Carmen" ha sido un éxito comercial y ha atraído a multitudes aplaudidoras. Es una producción que logra transmitir emoción y seducción sin recurrir a la violencia machista ni a los clichés exóticos de la original.
Sin embargo, para el gusto del público general y el crítico, la dirección de actores ha sido la parte más cuestionada. La relación entre las dos protagonistas se siente artificial, y la evolución dramática es inexistente en sus personajes principales.
En cuanto a la estética, se puede apreciar una buena intención por parte del director, pero no todos los detalles han funcionado como planeado.