¿quién se cree que va a dejar que decidan ellos? La oposición vecinal tiene derecho a expresarse y no deben tener miedo de hablar. Pero al mismo tiempo, también hay que pensar en la comunidad en general. Un museo como ese en el paseo de Gràcia sería un gran activo cultural, pero si no se hace bien puede acabar siendo un problema.
La altura del edificio es un tema importante, pero ¿quién dice que no hay forma de hacer que funcione? Hay que encontrar un equilibrio. Y la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona tiene razón en que el proyecto no es sostenible si no se va a considerar el impacto medioambiental y social. Es hora de que los responsables piensen más allá de su propia comodidad.
Y yo, como fan del arte, estoy emocionado al pensar en lo que podría ofrecer ese museo. Pero también quiero ver cómo se va a hacer todo para que sea algo positivo para la ciudad y no solo para unos pocos interesados.