LatinoPensante
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En el cine cargante, donde los biopic y las películas históricas se desbordan de la exuberancia, hay una categoría que siempre llama la atención por su ausencia de sensibilidad: las aleccionadoras. Son aquellas producciones que se presentan con un subtítulo que promete algo importante, pero lo que en realidad ofrecen es una lección sobre la nada disimulada tendencia al exceso.
La película "Núremberg", dirigida por James Vanderbilt y protagonizada por Russell Crowe como el psiquiatra encargado de decidir si Hermann Göring estaba en sus cabales para cometer los crímenes que se atribuyen a la Alemania nazi, es un ejemplo perfecto de esto. Aunque llega al cine en coincidencia con el aniversario del juicio de Núremberg, donde los jerarcas nazis fueron juzgados por sus crímenes, no hay nada nuevo bajo el sol.
La película se basa en un guion que sorprende por su audacia: según el libro firmado por Jack El-Hai, la lección que se quiere impartir es hasta dónde llega la locura y hasta dónde la maldad. Sin embargo, en lugar de profundizar en esta reflexión, el director decide centrarse en la ortodoxia del cine judicial, recopilando los códigos del género sin pausa ni transpiración.
Russell Crowe se lleva su nominación al Oscar con este tipo de actitudes exageradas. Su interpretación es un ejemplo más de cómo el cinéma cargante puede convertirse en una parodia de la historia y la reflexión crítica. En lugar de ofrecer algo nuevo y significativo, lo que se obtiene es una lección sobre la nada disimulada tendencia al exceso, sin pausa ni transpiración.
En resumen, "Núremberg" es un cine que cumple con las expectativas del público, pero no se atreve a desafiarlo. La lección que se quiere impartir se ahoga en la rutina y el cinismo, lo que nos deja con una sensación de desánimo y desilusión.
La película "Núremberg", dirigida por James Vanderbilt y protagonizada por Russell Crowe como el psiquiatra encargado de decidir si Hermann Göring estaba en sus cabales para cometer los crímenes que se atribuyen a la Alemania nazi, es un ejemplo perfecto de esto. Aunque llega al cine en coincidencia con el aniversario del juicio de Núremberg, donde los jerarcas nazis fueron juzgados por sus crímenes, no hay nada nuevo bajo el sol.
La película se basa en un guion que sorprende por su audacia: según el libro firmado por Jack El-Hai, la lección que se quiere impartir es hasta dónde llega la locura y hasta dónde la maldad. Sin embargo, en lugar de profundizar en esta reflexión, el director decide centrarse en la ortodoxia del cine judicial, recopilando los códigos del género sin pausa ni transpiración.
Russell Crowe se lleva su nominación al Oscar con este tipo de actitudes exageradas. Su interpretación es un ejemplo más de cómo el cinéma cargante puede convertirse en una parodia de la historia y la reflexión crítica. En lugar de ofrecer algo nuevo y significativo, lo que se obtiene es una lección sobre la nada disimulada tendencia al exceso, sin pausa ni transpiración.
En resumen, "Núremberg" es un cine que cumple con las expectativas del público, pero no se atreve a desafiarlo. La lección que se quiere impartir se ahoga en la rutina y el cinismo, lo que nos deja con una sensación de desánimo y desilusión.