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Hace unos días, falleció en su residencia de Dorset un dramaturgo británico que dejó una huella imborrable en la literatura y el cine del siglo XX. Tomás Sträussler, más conocido como Tom Stoppard, había abrazado la alma británica por destino, no por nacimiento. Con 88 años, su obra continúa siendo un tesoro nacional que seduce a millones de espectadores.
El dramaturgo nacido en Checoslovaquia, fue capaz de abordar problemas y cuestiones filosóficas de una profundidad compleja con ingenio y brillantez. Sus obras maestras como "Rosencrantz y Guildenstern han muerto" o "Arcadia", son un ejemplo perfecto de su habilidad para dar forma a la humanidad a través de la literatura. Con una mano que fue requerida en muchas ocasiones, también puso el broche final en productos culturales destinados a la gran masa.
Sin embargo, su vida no estuvo exenta de desafíos y tragedias. Abandonó Checoslovaquia junto con sus padres para iniciar una vida de refugiado que le llevó a Singapur y la India hasta que recaló en Inglaterra en 1946. Su padre murió ahogado en el barco del que intentaba huir del ejércero japonés.
El dramaturgo, condecorado y nombrado caballero por la reina Isabel II, fue capaz de abordar problemas sociales con una sofisticación intelectual magnética. Su obra "Jumpers" es un ejemplo de su habilidad para realizar sátiras complejas sobre la filosofía académica.
Su creatividad fue requerida en muchas ocasiones para poner el broche final en productos culturales destinados a la gran masa. También trabajó en guiones de películas como "Indiana Jones y la última cruzada" o en las "Guerras Galácticas". Su mano también se encontró con los diálogos de películas como "La lista de Schindler", que fueron escritos por él.
Stoppard era conocido por su elegancia y presencia, sin embargo nunca producía rencor en sus competidores. Según Simon Gray, uno de los mayores logros de Tom es que ha logrado que no le envidiemos nada, excepto quizá su buena pinta, su talento, su dinero y su suerte.
"Mi primera ambición fue estar en el suelo de algún aeropuerto africano mientras las balas de una ametralladora sobrevolaban mi máquina de escribir", explicó Stoppard a la agencia Reuters en una entrevista. Sin embargo, nunca pensó que tuviera derecho a preguntar nada a la gente.
Con muchas claves personales y autobiográficas, su última obra "Leopoldstadt" narra la historia de una familia judía acaudalada e instalada en Viena. Los cuatro abuelos y abuelas del autor murieron en campos de concentración a manos de los nazis.
Su trilogía "La costa de la utopía" es un ejemplo perfecto de su habilidad para abordar debates filosóficos presentes en la Rusia prerrevolucionaria. Quizá por su propia historia personal, y por una defensa empedernida de la libertad individual, Stoppard no compartió las ideas de izquierda de otros dramaturgos de su generación.
Con 88 años, Tom Stoppard dejó un legado que continuará siendo recordado por la brillantez y humanidad de sus obras. Su muerte es una pérdida para la literatura y el cine del siglo XX, pero su obra seguirá seduciendo a millones de espectadores en el futuro.
El dramaturgo nacido en Checoslovaquia, fue capaz de abordar problemas y cuestiones filosóficas de una profundidad compleja con ingenio y brillantez. Sus obras maestras como "Rosencrantz y Guildenstern han muerto" o "Arcadia", son un ejemplo perfecto de su habilidad para dar forma a la humanidad a través de la literatura. Con una mano que fue requerida en muchas ocasiones, también puso el broche final en productos culturales destinados a la gran masa.
Sin embargo, su vida no estuvo exenta de desafíos y tragedias. Abandonó Checoslovaquia junto con sus padres para iniciar una vida de refugiado que le llevó a Singapur y la India hasta que recaló en Inglaterra en 1946. Su padre murió ahogado en el barco del que intentaba huir del ejércero japonés.
El dramaturgo, condecorado y nombrado caballero por la reina Isabel II, fue capaz de abordar problemas sociales con una sofisticación intelectual magnética. Su obra "Jumpers" es un ejemplo de su habilidad para realizar sátiras complejas sobre la filosofía académica.
Su creatividad fue requerida en muchas ocasiones para poner el broche final en productos culturales destinados a la gran masa. También trabajó en guiones de películas como "Indiana Jones y la última cruzada" o en las "Guerras Galácticas". Su mano también se encontró con los diálogos de películas como "La lista de Schindler", que fueron escritos por él.
Stoppard era conocido por su elegancia y presencia, sin embargo nunca producía rencor en sus competidores. Según Simon Gray, uno de los mayores logros de Tom es que ha logrado que no le envidiemos nada, excepto quizá su buena pinta, su talento, su dinero y su suerte.
"Mi primera ambición fue estar en el suelo de algún aeropuerto africano mientras las balas de una ametralladora sobrevolaban mi máquina de escribir", explicó Stoppard a la agencia Reuters en una entrevista. Sin embargo, nunca pensó que tuviera derecho a preguntar nada a la gente.
Con muchas claves personales y autobiográficas, su última obra "Leopoldstadt" narra la historia de una familia judía acaudalada e instalada en Viena. Los cuatro abuelos y abuelas del autor murieron en campos de concentración a manos de los nazis.
Su trilogía "La costa de la utopía" es un ejemplo perfecto de su habilidad para abordar debates filosóficos presentes en la Rusia prerrevolucionaria. Quizá por su propia historia personal, y por una defensa empedernida de la libertad individual, Stoppard no compartió las ideas de izquierda de otros dramaturgos de su generación.
Con 88 años, Tom Stoppard dejó un legado que continuará siendo recordado por la brillantez y humanidad de sus obras. Su muerte es una pérdida para la literatura y el cine del siglo XX, pero su obra seguirá seduciendo a millones de espectadores en el futuro.