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Una figura icónica del mundo gastronómico falleció ayer a los 62 años. Skye Gyngell, la chef australiana que llevó a la cocina de temporada al centro del escenario, dejó atrás una profunda huella en el mundo culinario.
Nacida en Sydney en 1963, Gyngell encontró su verdadero calling en la cocina. Después de estudiar Derecho, abandono esa vía para dedicarse por completo a la cocina y se formó en la prestigiosa escuela La Varenne en París. En Londres, trabajó en algunas de las cocinas más exclusivas del Reino Unido, incluyendo el Dorchester, donde consolidó su técnica y creó un estilo propio que destacaba por su simplicidad elegante y su compromiso con la estacionalidad.
En 2014, Gyngell abrió su propio restaurante, Spring, en Somerset House, un espacio que reflejaba su filosofía culinaria: ingredientes cuidadosamente seleccionados, cocina honesta y una fuerte apuesta por la sostenibilidad. El restaurante se convirtió en un símbolo de la cocina conectada con la naturaleza.
Además de ser una chef visionaria, Gyngell también fue editora de comida en Vogue y autora de varios libros de cocina que consolidaron su influencia más allá del mundo gastronómico. Sin embargo, su labor fue interrumpida por la diagnóstico de carcinoma de Merkel, un cáncer de piel poco frecuente y agresivo que afectó incluso su sentido del gusto y el olfato.
A pesar de esta adversidad, Gyngell enfrentó su enfermedad con serenidad y valentía, manteniendo su vínculo con el trabajo y con su equipo mientras le fue posible. Su fallecimiento ha generado una profunda conmoción en el mundo gastronómico, donde era ampliamente admirada por su sensibilidad culinaria, su compromiso con los productos locales y su liderazgo.
La pérdida de Gyngell deja un legado profundo en la cocina contemporánea. Su trabajo inspirará a una generación de cocineros que buscan crear una gastronomía más humana y sostenible.
Nacida en Sydney en 1963, Gyngell encontró su verdadero calling en la cocina. Después de estudiar Derecho, abandono esa vía para dedicarse por completo a la cocina y se formó en la prestigiosa escuela La Varenne en París. En Londres, trabajó en algunas de las cocinas más exclusivas del Reino Unido, incluyendo el Dorchester, donde consolidó su técnica y creó un estilo propio que destacaba por su simplicidad elegante y su compromiso con la estacionalidad.
En 2014, Gyngell abrió su propio restaurante, Spring, en Somerset House, un espacio que reflejaba su filosofía culinaria: ingredientes cuidadosamente seleccionados, cocina honesta y una fuerte apuesta por la sostenibilidad. El restaurante se convirtió en un símbolo de la cocina conectada con la naturaleza.
Además de ser una chef visionaria, Gyngell también fue editora de comida en Vogue y autora de varios libros de cocina que consolidaron su influencia más allá del mundo gastronómico. Sin embargo, su labor fue interrumpida por la diagnóstico de carcinoma de Merkel, un cáncer de piel poco frecuente y agresivo que afectó incluso su sentido del gusto y el olfato.
A pesar de esta adversidad, Gyngell enfrentó su enfermedad con serenidad y valentía, manteniendo su vínculo con el trabajo y con su equipo mientras le fue posible. Su fallecimiento ha generado una profunda conmoción en el mundo gastronómico, donde era ampliamente admirada por su sensibilidad culinaria, su compromiso con los productos locales y su liderazgo.
La pérdida de Gyngell deja un legado profundo en la cocina contemporánea. Su trabajo inspirará a una generación de cocineros que buscan crear una gastronomía más humana y sostenible.