¿Qué está pasando realmente cuando un perro se detiene y no quiere seguir caminando? En primer lugar es importante recordar que el paradero del animal en un paseo puede no ser un capricho, sino una señal de miedo, incomodidad o confusión. Algunos animales pueden asociar un determinado espacio con una experiencia desagradable y entonces se detienen como forma de decir "necesito procesar todo lo que está pasando alrededor". En estos casos forzarlo a seguir es inútil, pero puede agravar la inseguridad y reforzar el miedo.
La solución pasa por identificar el detonante detrás del paradero del animal. Las técnicas de desensibilización pueden marcar la diferencia: consisten en exponer al perro de forma gradual al estímulo que le causa miedo, y recompensar sus avances. Si la ansiedad persiste es importante consultar con un veterinario etólogo o un educador canino especializado en modificación de conducta.
En algunos casos puede ser que el paradero del animal no sea una señal de aburrimiento o deseo de permanecer un rato más, sino una forma de comunicar la necesidad de procesar sus sentimientos. Algunos perros pueden disfrutar tanto del paseo que no quieren darlo por terminado.
Para evitar este tipo de situaciones se debe romper la asociación entre "volver a casa" y aburrimiento. Al llegar, ofrecer algo positivo como un juguete interactivo, una sesión de juegos tranquilos o un mordedor es clave. De esta manera el regreso deja de ser un corte abrupto en su diversión al aire libre y pasa a formar parte del momento agradable.
En otros casos puede ser que el paradero del animal se deba a la falta de estímulos durante el paseo, o que hayamos aprendido que en un punto concreto del recorrido suele obtener algo placentero. En estos casos es importante variar recorridos, ritmos y contextos para darle al perro control y bienestar.
En fin se debe recordar que el paseo no solo es ejercicio físico, sino también estimulación mental y una ventana al mundo. Si se nos presenta la oportunidad de llevar a un perro en un paseo diario le ofreceremos algo positivo y no solo le daremos las corrientes necesarias para que siga caminando sin desayunar.
En el caso de que el problema esté relacionado con la correa, es importante presentarla de manera gradual y positiva. Dejando que la olfatee, que la asocie a momentos agradables, practicar dentro de casa antes de salir a la calle y premiar cada paso voluntario. La correa debe ser ligera, cómoda y del tamaño adecuado. Y sobre todo, nunca debe servir para arrastrarlo.
La solución pasa por identificar el detonante detrás del paradero del animal. Las técnicas de desensibilización pueden marcar la diferencia: consisten en exponer al perro de forma gradual al estímulo que le causa miedo, y recompensar sus avances. Si la ansiedad persiste es importante consultar con un veterinario etólogo o un educador canino especializado en modificación de conducta.
En algunos casos puede ser que el paradero del animal no sea una señal de aburrimiento o deseo de permanecer un rato más, sino una forma de comunicar la necesidad de procesar sus sentimientos. Algunos perros pueden disfrutar tanto del paseo que no quieren darlo por terminado.
Para evitar este tipo de situaciones se debe romper la asociación entre "volver a casa" y aburrimiento. Al llegar, ofrecer algo positivo como un juguete interactivo, una sesión de juegos tranquilos o un mordedor es clave. De esta manera el regreso deja de ser un corte abrupto en su diversión al aire libre y pasa a formar parte del momento agradable.
En otros casos puede ser que el paradero del animal se deba a la falta de estímulos durante el paseo, o que hayamos aprendido que en un punto concreto del recorrido suele obtener algo placentero. En estos casos es importante variar recorridos, ritmos y contextos para darle al perro control y bienestar.
En fin se debe recordar que el paseo no solo es ejercicio físico, sino también estimulación mental y una ventana al mundo. Si se nos presenta la oportunidad de llevar a un perro en un paseo diario le ofreceremos algo positivo y no solo le daremos las corrientes necesarias para que siga caminando sin desayunar.
En el caso de que el problema esté relacionado con la correa, es importante presentarla de manera gradual y positiva. Dejando que la olfatee, que la asocie a momentos agradables, practicar dentro de casa antes de salir a la calle y premiar cada paso voluntario. La correa debe ser ligera, cómoda y del tamaño adecuado. Y sobre todo, nunca debe servir para arrastrarlo.